Blogia

escribamania

Del Malecón al Tevere

Del Malecón al Tevere

 

Del Malecón al Tevere
Agustín Dimas López Guevara


I

Más que pasear, caminaba por el malecón, para que el sol y el aire caliente y salitroso del mar le secaran el cabello, apretado en el torniquete bajo el pañuelo. Todos los sábados cumplía con el pase de peine caliente y el lavado de su cabello. Iniciaba un ritual delante del espejo, con la toalla al cuello dándose cepillo en su rebelde cabellera de mulata; prensándolo enrollado en un tubo de cartón, para cubrirlo con un pañuelo anudado sobre la nuca. Todo esto sin dejar de escuchar la música de radio Cordón de La Habana, para luego salir al sol del atardecer. Pero esta vez, a causa de un trabajo voluntario en la escuela, tuvo que hacerlo hoy domingo. Lejos estaba de imaginar que aquella tarde de junio - oyendo los piropos de los titis maníacos, asediando a las jóvenes que recorrían el malecón en minifaldas-, se iba a encontrar con el extranjero, que tan amablemente le acompañó, elogiando lo bello del paisaje marino. Siempre acostumbraba a dar su vuelta por esta parte, saliendo por la calle Línea, frente al obelisco de mármol jaspeado de los chinos, pasando por el monumento gris del Maine, detrás del Nacional: justo donde él se le acercó, exaltando las bellezas del tramonto, y queriendo decir algo del caldo sofocante del verano. Su lenguaje se debatía en el uso del italiano, su lengua natal, utilizando palabras y verbos en español mal conjugados, provocándole la risa y el deseo de corregirle la pronunciación, cuando sin darse cuenta ya doblaban hacia 23. Ella, para subir hacia L y luego bajar hasta Línea, donde vivía. Él, al parecer sin rumbo definido, cuando la invitó:
-Io ti posso ofrere un gelato.
-¿Tú eres italiano? ¿Verdad? -Le dijo para confirmar lo que ya sabía.
-Sí, sono Italiano. Scusame.
Luego de descifrar lo que había dicho, supo que la invitaba a un helado y, con una sonrisa en los labios, le aceptó su invitación y siguieron conversando Rampa arriba rumbo a Coppelia. A ella, el magisterio le había desarrollado la facultad de conversar y poder seguir cavilando en otros pensamientos; como ahora que le asaltaban de momento: era extraño encontrar un Italiano en La Habana en este tiempo, lo más común era encontrarse con grupos de rusos, búlgaros, alemanes de la RDA y algún que otro marinero sin ciudadanía definida, deambulando por los bares del puerto, con alientos de alcoholes difíciles, unas jergas intraducibles y los olores irrespirables de las axilas. Los búlgaros y rusos, que vivían y trabajaban acá por largos periodos, como técnicos o funcionarios; se dedicaban entre otras cosas: a la venta de ropas, perfumes Kremena y Moscú Rojo, espejuelos de sol, víveres de primera necesidad y otras bisuterías; todo en bolsa negra. Compraban objetos de oro a precios risibles, se alojaban en los mejores hoteles, o en las residencias de Miramar y el recién construido reparto Flores: Jamás daban botellas cuando recorrían la quinta avenida en sus carros. De modo que fueron los búlgaros, rusos y técnicos extranjeros los primeros en introducir el mercado negro, en estas ramas del comercio. Porque ya desde la época del acaparamiento, el racionamiento y las libretas, había comenzado el trapicheo y la bolsa negra en el país. Era común encontrarse con rusas que habían llegado casadas con cubanos, graduados en las escuelas soviéticas, alarmando la dormida conciencia racial, cuando se veían en las calles abrazadas de un esposo negro. A pesar de que ya Pello había hecho pública su simpatía por las rubias, provocaba la curiosidad cuando desembocaba en cualquier calle con su convertible y sus rubias del Mozambique: aún así, no dejaba de causar cierto rechazo ver a una blanca con un negro. Más de una vez lo vio descender del convertible sobre una alfombra roja, para entrar al Monseigneur, acompañado de su María Caracoles, con su bastón de Ifá, y su voz de barítono destemplada; saludando a la gente curiosa de la calle. Se palpó con disimulo sobre el pañuelo, y súbitamente evocó la secadora de pelos, que le compró a una rusa, con un transformador que pesaba más que su maleta y que, por prestarla a las amigas, se le quemó. No hubo forma de enrollarla, pero el transformador le sirvió como calzo de la puerta, para mantenerla abierta y ventilar el apartamento de los vapores sofocantes del verano. El mercado negro lo ampliaron los marineros mercantes, con todo tipo de efectos electrónicos. Relojes Rolex falsos, que fueron la ostentación de los macetas, camisas Manhattan, pañuelos de seda, zapatos, sombreros, pitusas, ropa interior para mujeres y pantalones campanas que causaban la obsesión en los más jóvenes. Un trapicheo incontrolado, porque la muda de ropa que daban por la libreta malamente servía para vestir el diario. Los marineros trajeron además los discos Long Play de Paul Anka, Los Beatles, los grupos españoles de moda, las primeras grabadoras y radios portátiles. Se hizo habitual que la gente subiera a las guaguas con grabadoras al hombro a todo volumen.
Era el tiempo en que proliferaban los niños cubanos con nombres rusos. Ya a casi ningún nacido le nombraban Antonio, Francisco, ni Manuel. Los inscribían como: Vladimir, Alexander, Yuri, Valodia… Y las niñas dejaron de llamarse María, Carmen, Rosa, para nombrarlas: Tatiana, Natacha, Katiuska, Irina... Se podía aprender el ruso por radio, y los trabajadores destacados podían soñar que algún día le darían un viaje a la Unión Soviética. Regresar con fotos en blanco y negro del Kremlin y la Plaza Roja: con paltos; cubiertas las cabezas con chaikas felpudas como lanas de ovejas, abotonadas en la barbilla. Todos en una fila interminable en la Plaza Roja, para bajar en silencio por la escalera de mármol, a la derecha, dar la vuelta en un rectángulo subiendo por la izquierda, mirando a Lenin (La Momia, le decían los enemigos polacos) en la urna de cristal inclinada, con sus manos moradas cruzadas a la altura del estomago y su chiva canosa, alargándole el mentón, como si estuviera dormido desde hacía un siglo, a la espera que su esposa, la buena profesora regordeta, Nadieshka lo llamara para tomar el té. Con buena suerte hospedarse en el Rosia, visitar el Gung y el Sumg, para comprar algún regalito a la familia, o un souvenir de tronco de abedul con un hacha de leñador en miniatura encajada en la corteza; o un juego de matrioshas barrigonas. Ver, el río Moscú congelado, sentir los grajos graznando como pájaros de mal agüero y las urracas picoteando en los cristales de las ventanas, o escarbando en la nieve en busca de golosinas. Contemplar los copos de nieve en las cúpulas de la catedral de San Basilio, como crema en los barquillos de helados. Montar el metro para pasarse a Moscú por la cabeza y salir frente al museo de la cosmonáutica para ser recibidos con la sonrisa espacial de Yuri Gagarin, que saluda desde su estatua a los visitantes del museo. Un poco adelante, queriendo ladrar desde las fotos; la perra Laika: primera pasajera espacial, guardiana insigne de la colección de aviones y cohetes; mudos testigos de los viajes del hombre y de Valentina Tereshkova, por los abismos del cielo. Como despedida asistir a una función de tres horas, en el Teatro del Palacio de los Congresos, para ver la borodiana ópera El Príncipe Igor; sin traducción. Suerte de los que pudieron aprender el idioma ruso por radio para entender las arias y campear el rudo idioma moscovita. Así que este encuentro casual, le hizo evocar encuentros anteriores con extranjeros, pero sin mayores trascendencias: las visitas a la beca de delegaciones del konsomol, intercambiando pegatinas y sellos alegóricos de ambos países, después de los discursos; para luego en los albergues, en la cola del comedor; en cualquier parte reírnos de los bolos con los cuentos de torpezas que habíamos aprendido desde la época difícil de los tabarichi, Nikita Serguéievich Jruschov, Anastas Ivánovich Mikoyán y el sucesor Leonid Brezhnev.

Ahora era diferente, ya no era una becada. El tiempo le había fogueado su carácter, y La Habana -que en agosto de 1762 los ingleses habían conquistado- le permitió a ella conquistarla en agosto de 1962, justo doscientos años después; entre vítores de: a la urra rrá, y el bombo chiear, chiear, chiear, con lemas y consignas, cantando: somos socialistas palante y palante y al que no le guste que tome purgante. Llegó ronca al reparto Siboney, porque se pasaron todo el viaje cantando en cada pueblo que velozmente dejaban atrás en la carretera central. Al mes ya conocía todas las rutas de ómnibus. Era capaz de andar sola en las guaguas desde Playa, hasta la Rampa, el Parque Central; a cualquier parte de la urbe, para ver los estrenos de Radio Centro, Payret, Ambassador, Acapulco, o cualquier cine de barrio, persiguiendo las películas que no pudo ver en los circuitos de estrenos. Luego, al regreso, quedarse en el Coney Island para comprar algodón de azúcar; dar una vuelta en la montaña rusa, venciendo el temor del vértigo, y reunirse con las amigas. Porque habían hecho del Coney el punto de encuentro, para irse juntas, a pie hasta la beca, cuando fallaba la confronta. Y así protegerse en grupos de los temores a borrachos noctámbulos, rescabucheadores y mariguaneros que asediaban a las becadas y tenían sus guaridas en los centros nocturnos del Paradis, Rumba Palace y posadas del entorno. Como un chispazo se iluminaba el recuerdo de su primera experiencia amorosa con un profesor mayor que ella, allá en Tarará, de cuya relación solo sobrevivió la propiedad del pequeño apartamento de Línea, donde vivió con él, hasta que la abandonó por otra cuando fue nombrado para un cargo superior en el Ministerio. Por supuesto, que nada de lo que venía recordando lo comentó con este hombre que caminaba a su lado. Le había caído bien desde que se le acercó; tal vez por ese aire de porte gentil y cierta timidez que lo diferenciaba de los hombres comunes que abordan a las mujeres en calles y aceras con el agresivo desenfado machista de los cubanos.
Aquella tarde marcó un giro en su vida. Tuvo el tiempo de meditar en la cola de la heladería y navegar en los recuerdos que la asediaban. Sin sospechar, el puente de afecto se iba endulzando con el sabor de los helados, las sonrisas y la simpatía creciente hacia este hombre, que le contaba en su incipiente español: de suo laboro como proyectista de la Autopista Nacional, de lo tantísimo que le piaciva Cuba, dal sole, queste mare veramente blu, de la folia de vívire de sua gente y de todo lo que ella adivinaba o creía entender, detrás de una canoa de almendra con chocolate, entre divagaciones asaltándola.
Esquivaba con cierto nerviosismo la mirada azul que la escrutaba. Mientras, le contó que era profesora de secundaria, aquí cerca; detrás del Habana Libre. Le señaló con el dedo índice, apuntando hacía el hotel, para desviarle su mirada que la hacía ruborizarse. Él, con un gesto teatral, le extendió la mano mientras decía:
-Il mio nome e Marcelo.
Ella, le extendió la suya, aún con la cuchara entre sus dedos, provocando la risa de ambos, hasta que pudo decirle:
-El mío: Ena. -Y tomó la cuchara en la otra mano, aún sonriendo.
Él abrió los ojos exageradamente y con una asociación poética le contestó: -Il tuo nome e un vulcano. Invece il mio: mare e celo. ¿Capichi?
Luego de las presentaciones, las risas por el incidente de la cuchara, y de los apuntes que hacía en su agenda, de aquellas palabras que no lograba descifrar, le confesó que le gustaban mucho: Nicola di Bari, Rita Pavone, Sergio Endrigo y Pepino di Capri…
Le pareció increíble que en Cuba se conocieran cantantes italianos que en su país apenas se escuchaban, pero La Habana y Cuba cada día le desbordaban el asombro. Quizás para estar a tono con ella se atrevió a decirle:
-Mi piaci tantisismo il Mozambique, un bailo piu faccile che oltri ritmi cubani. Anche il Pilón mi piaci.
Estaba extasiada por su forma de gesticular como si con cada movimiento de sus manos quisiera expresarse, para apoyar sus palabras en una catarata musical subyugante, que le permitían entenderlo a medias. Solo había escuchado el italiano en las canciones de los cantantes que pasaban en la radio: canciones que había cantado de memoria en el albergue, sin saber qué decían. Su entusiasmo se colmaba cuando veía las películas, después de recorrer una cola de tres horas, cuando marcaba en 21 frente a la Roca, subiendo por L, hasta la taquilla de Radio Centro; para encontrarse con Mónica Vitti, Claudia Cardinale, Ugo Tognazzi o Marcelo Mastroniani. Era èse el tiempo cuando suspiraba allá en la beca por Marcelo Mastroniani. Cada amiga tenía una foto pegada en la taquilla, o en la tapa de la maleta, con el artista soñado. Para ella, Mastroniani, era un amor de celuloide que la hacia repetir la tanda y llevárselo a la beca en la mirada para seguirlo soñando. Así que entre sus evocaciones no supo cuándo le mencionó a Mastroniani, para que exclamara:
-¡Ah, Mastroniani! Suo nome e come il mío. -Le dijo ya en la despedida, después que habían intercambiado los números de teléfonos. El debía partir en la mañana hacia el interior por asuntos de trabajo. Le prometió llamarle a la escuela a su regreso. Para darle la seguridad del próximo encuentro, le tomó las manos y siguió: -Il mio desiderio e ritornare lo piu presto e trovarte a te. Enna sei veramente bella, io ti voglio bene. -Le dio un beso en cada mejilla y casi le susurró al oido:
-Arrividerchi,chividiamo le proxime settimana. Non dimenticare: ti prego, le decia “su” italiano, palabras que recordaría más tarde, mientras escuchaba Nocturno, y soñaba despierta. Sentía aún las manos calientes de Marcelo, cuando le tomó las suyas y le dijo casi en un ruego: Ti prego. La noche se le hizo interminable, porque la ansiedad la asaltaba. Tenía que agenciarse un diccionario italiano para descifrar las palabras que no entendió y que había escrito en su minúscula agenda telefónica, leída una y otra vez para hilvanar una conversación que le martillaba en su cabeza con inusitada insistencia. ¿Cuántas veces como ahora se había desvelado en su vida? Siempre reticente a tomar somníferos, no perdía la ocasión para aconsejar a su madre y a los abuelos para que dejaran el hábito de tomar y recomendar el Meprobamato para todo: porque aprendió sola que los nervios los tiene que controlar una misma. ¿Cuántas pruebas de fuego le había puesto la vida? Desde niña, enfrentándose sola a las adversidades, para vencerlas con el entusiasmo desenfado de sus impulsos y corazonadas. Una heroicidad para su tiempo y su origen. Solo lamentaba la prohibición que no pudo vencer cuando no la dejaron alfabetizar, pero se conformó con enseñarle a escribir el nombre y la inicial de su apellido al padre, para que dejara de poner el pulgar manchado de tinta en los papeles oficiales y las facturas de la base campesina que debían firmar. Se esmeraba por las noches, a la luz del farol chino, bajo el aleteo de insectos encandilados; tomándole la mano al padre que sostenía el lápiz entre sus rudos dedos, como una coa, para que con un esfuerzo como si estuviera sembrando posturas de tomate sobre los renglones de la libreta hacerle escribir con una caligrafía de soga torcida: Armando D. Porque no hubo forma de que lograra escribir Despaigne. Le ponía de tarea a la madre lecturas de textos del escritor español y pedagogo Herminio Almendros, pero no lograba que la madre leyera sin dejar de mover los labios, ni mucho menos entender lo que leía entre los susurros con una entonación de preescolar.
No recuerda las noches que pasó en esos empeños, ni la fecha exacta en que el farol dejó de funcionar, cuando Ramón se dio por vencido tratando de encenderlo. Y se quedó colgado como un adorno en un clavo de la solera. Desde entonces se había hecho el firme propósito de conquistar sus sueños, dejando a un lado las rabietas y llantos. Todavía piensa que fue un golpe de suerte, que tomó de sorpresa a sus padres, aunque ella puso todo su empeño y razones, para que no hubiera fuerza capaz de detenerla. Fue su madre la que le dio el impulso, decisivo desafiando la terquedad de su padre, para impulsarla a dar el paso que cambiaria la rutina de su vida. Con una dedicación de monja salesiana, primero en la Academia de Corte y Costura, dónde llegó a sobresalir con una maestría, que la marcaría para siempre y luego a los dos años incorporase a los estudios del magisterio. Primero allá en Tarará, y luego en Ciudad Libertad; para sacar la vista de los enseres de la costura y fijarla en los libros, iluminándole la visión del mundo y de la vida. Soportó la ausencia de los suyos: sus primeros sobresaltos de amores de juventud; sola con el escueto consejo de la madre que le había repetido más de una vez, abriéndole los ojos al decirle: cierra las piernas y abre los ojos. Pero olvidó el consejo de la madre: cerró los ojos entregándose de piernas abiertas, para sucumbir a las caricias provocadoras del profesor Eduardo -quien comenzó llevándola los fines de semana al Monseigneur, a degustar el filete migñón, escuchando las descargas inolvidables de Bola, detrás de su piano blanco; casi en éxtasis, cuando cantaba la canción de Chabuca Vargas: La flor de la Canela, haciéndola suya para siempre, entre los susurros fraseados de su áspera y musical voz-, para terminar después entre los brazos de Eduardo, allá en el apartamento de Línea, oyendo en una grabadora a Juan y Junior, en la embriaguez consoladora de los dos brindando con un sorbito de champán; estremecida por los temblores de los orgasmos… hasta que la relación se marchitó, por las infidelidades del Don Juan que la sedujo, abandonándola por otra nueva conquista. Casi simbólicamente murió su relación, iniciada en octubre, justo cuando llegó la noticia conmovedora desde México, anunciando la muerte de Bola, aquel sábado nefasto cuando Eduardo la dejó por otra. Lloró ese fin de semana, sin arreglarse el cabello, escuchando por la radio la voz ríspida del Bola, en su inmortal Vete de mí, como una sentencia paradójica, para olvidarse de Eduardo por siempre.
Se había quedado sola, con el aliciente de sus alumnos, sus clases de Español; las cartas y telegramas, que la mantenían en contacto con sus seres queridos; esperando ansiosa las vacaciones y el fin de año, para regresar a contarles de su vida, y ellos como detenidos en el tiempo, con el asombro en los ojos, preguntándole cosas de La Habana. Ahora ella, acordándose de todo; pensando en Marcelo… hasta que el sueño la durmió.
Ya para el invierno estaba nerviosa en el aeropuerto, con el sobretodo en un brazo, tapando el neceser que sostenía en la mano y Marcelo enganchado en el otro; esperando que anunciaran el vuelo que los llevaría a Roma, con escala en Madrid. Apretaba en la otra mano la Virgencita de la Caridad que la madre le diera al despedirse, para que la acompañara y la guiara, mientras meditaba en el giro que tomaba su vida. Bárbara, insistía recordándole que le mandara fotos de la nieve y revistas de modas con fotos de artistas. La boda fue más rápida de lo esperado. Marcelo había hecho un viaje de ida y vuelta hasta Roma, para llegar con sus documentos en regla y ella hasta Palma, para hurgar en el juzgado y traer su certificado con el folio y el tomo de nacimiento. El noviazgo, duró el tiempo de hacer los papeles y esperar que sus padres y hermanos llegaran de Palma Soriano, para salir en las fotos apretados detrás de un cake. Ella con su traje blanco, que tan mal augurio le anunciaba a su madre, porque las novias no podían ver el traje hasta el día de la boda, y ella de testaruda lo había hecho por sus propias manos, porque el oficio de costurera fue lo primero que aprendió acá en La Habana, cuando vino becada para la escuela Ana Betancourt, hasta que después dio el paso al frente: como dicen los jóvenes comunistas, y se incorporó al curso de maestros Makarenkos, luego que Fidel dijera aquel discurso en el estadio Pedro Marrero, el cinco de diciembre, donde elogió la labor de Elena Gil al frente de la escuela Ana Betancourt, los avances en la educación y ella, conmovida, se incorporó al Instituto Pedagógico de Tarará, hasta que vino a Ciudad Libertad a terminar sus estudios… Las gestiones que tuvo que hacer Marcelo con la embajada y el gobierno, para que la autorizaran a dejar el magisterio y poder salir... El bueno de Marcelo, con el traje gris y la corbata azul, a su derecha firmando el registro ante el notario notorio, en el Salón Dorado del Palacio de los Matrimonios, de Prado. En ambos lados, los padres de ella, y los hermanos detrás con el asombro congelado por el flash.
Ahora solo estaba su hermana en el aeropuerto para despedirla, porque a sus padres y hermanos; las urgencias de la tierra, los abuelos con los achaques de la vejez, y los animales a sogas, no les permitieron quedarse unos días más para decirle adiós desde la terraza. Solo pudo en el ajetreo de la boda escuchar a su madre aconsejarle y repetirle que tuviera mucho cuidado allá. Porque iba a estar sola, sin familia; que allá no se podía llegar como a La Habana, de ahora para ahorita. Sabía que era muy independiente y espabilada, desde los catorce años cuando se plantó en sus trece y no le importó el disgusto del padre, que ni fue a despedirla cuando salió para La Habana con una maleta de madera y una retahíla de muchachitas en la guagua cantando: la ORI es la ORI, la ORI es la candela. Más de una la madre vez le oyó decir, con una decisión que metía miedo para su edad: que no se iba a quedar de bruta como una campesina criando puercos y vivir la vida entera en piso de tierra, tomando agua de tinaja. Porque ella tenía que ser algo en la vida. Hasta que entre rabietas y amenazas la convenció. A La Habana salió, dejando el rencomio en su padre, y la ilusión en el resto de la familia de que sería la digna representante de los Despaigne, que toda la vida habían vivido de la tierra; desde los tiempos inmemoriales cuando el esplendor de los cafetales. De modo que la madre la amparó de los desagravios del padre, y la ayudó a preparar la maleta de madera para cerrarla con el candado Globe, que había utilizado el hermano Ramón, cuando fue llamado al Servicio Militar. Así que ella le colgó al cuello el cordón de zapato con la llave. La colmó de consejos y advertencias. Como sabía de los sueños y ansias de su hija, temía que cometiera una locura si le prohibían la posibilidad de estudiar en una beca. Su marido dejó de hablarle, pero escuchaba, hosco y huraño, haciéndose el dormido recostado en un taburete, las cartas que leía Bárbara, en voz alta; donde Ena le contaba de la escuela y de La Habana. Ellos le respondían de los estragos que había dejado el ciclón Flora. Dictándole a Bárbara, que lo más terrible fue la cantidad de agua que cayó, mi hermana. La crecida y desborde de los ríos, los ahogados que nunca aparecieron. La suerte que tuvieron de vivir en lo alto. Lo único donde su padre había tenido razón,- según decía su mamá -por no quererse mudar para el valle, donde quedó bajo el agua la nueva cooperativa.
En el retorno de vacaciones, llegaba con la alegría de sus avances en los bordados cruzados, de lo bien que le quedaban las plantillas, del buen manejo del centímetro y los cortes con la tijera; al punto de hacerle una camisa al padre sin tomarle las medidas, con dos metros de popelín blanco. Trajo en uno de los viajes la noticia de que estudiaría Magisterio. Ya para entonces el padre se dejaba besar. Ella se levantaba temprano para irse al campo con los hermanos, junto al padre, ayudando en las disímiles tareas de la tierra… hasta que logró que el viejo la tuviera en cuenta. Se adaptó a llamarle: «Mi hija, la que vive en La Habana.» Para entonces se ponía con orgullo la camisa hecha por ella cuando iba a jugar al dominó los domingos en el círculo social. Pero ahora, que había dado ese otro paso impredecible, que se iba tan lejos; la madre no se cansó de aconsejarla. Primero había convencido a su esposo para que viniera a la boda, con la guayabera de hilo que Ena le había regalado un día de su cumpleaños, y darle esa alegría a su hija, para que Marcelo, no fuera a pensar que su hija era una mal parida. Porque ella tenía familia que la representara y estuviera de cuerpo presente en un acto tan notorio como el casamiento. Se compadeció en silencio de Marcelo, que no pudo estar acompañado de la suya, porque todo fue tan rápido, que ni Ena entendió bien las razones que le explicó cuando, chapurreando su «itañol» le dijo: Che la sua mamma, mai sono stata sull aereo, per paura. Y ya se sabía que su padre había muerto cuando él era un bambino y su frattello Claudio estaba troppo incasinado con el laboro.
El padre casi no abrió la boca; nada más para comentar con los hijos asombrados, qué no sabía cómo los cristianos podían vivir en estos edificios como abejas y ese desequilibrio de su hija, por casarse con un hombre que él no le entiende lo que dice. Se volvió a poner el sombrero cuando bajó las escaleras del palacio y en el portal frente al Prado, le dio un apretón de manos a Marcelo, un beso a Ena, con los ojos húmedos, otro beso a Bárbara: Se montó con la mujer y los dos hijos en una máquina de alquiler rumbo a terminal del ferrocarril, y fueron diciendo adiós por las ventanillas, hasta que dejaron atrás los leones, casi llegando a Neptuno.
Ahora era Bárbara la que agitaba un pañuelo desde la terraza y ella desde la escalera le decía adiós. Por suerte pudo hacerle el traslado a su hermana: apuntarla en la Libreta, en el Registro de Direcciones de su pequeño apartamento y conseguirle el trabajo como oficinista del Poder Local. Se sentía aliviada al saber que dejaba encauzada a su hermana, aunque ya no pudiera aconsejarla de cerca. Le escribiría para mantenerla al tanto de cómo debía hacer las cosas y cuidar las relaciones con los vecinos. Le advirtió con insistencia que le contara en detalle todo lo que aconteciera en su ausencia, que les diera vuelta a los viejos, los abuelos y que no fastidiara más con las revistas; que ella se las iba a mandar. No tenía ni idea cuándo podría regresar, ni cómo le iría en este viaje. Solo le molestaba los criterios, llegados por segundas personas, de los empachados del claustro y algunos vecinos que de mala fe la juzgaban casi como una traidora por irse del país. Le dolía en su orgullo que se le cuestionara de ese modo. Al fin y al cabo ella no se iba como se habían ido por Camarioca los miles de cubanos para Miami, o los que seguían inventando salidas clandestinas y desertando en el extranjero para marchar al Norte, como viles gusanos despreciados en actos y matutinos, en los que participó en más de una vez. Ella, más que irse para Italia, se iba con su marido para hacer su vida en busca de la felicidad. No tenía nada que ver con un hecho político, aunque comprendía que La Revolución se había convertido en la madre de todos los cubanos, consideraba que no tenía el derecho de repudiar por boca de sus hijos a los hermanos que tomaran el camino de otras tierras y desterrarlos para siempre con un odio colectivo en mítines insultantes. Así que se ajustó el cinturón con la ayuda de Marcelo, mientras el avión giraba en la pista, se detenía y los motores rugían haciéndola estremecer, hasta emprender la carrera del despegue, mientras sentía, a medida que tomaba velocidad cómo su cuerpo se iba hacia atrás. Por un momento tuvo la vaga sensación contradictoria de que se quedaba y, sin embargo, sabía que se iba. Perdió de vista a la pista. El avión comenzó a tomar altura. No se atrevía a mirar por la ventanilla, pero abajo quedaban Boyeros, su hermana desde la terraza, La Habana y el litoral, bañados por las luces del atardecer. Ella en las nubes, apretando en la mano la medalla con la Virgen de la Caridad, meditando.

En los primeros días me pasaba casi todas las noches mirando el techo, porque ya me sabía de memoria todas las revistas y conocía cada mancha del techo y las paredes. Había hecho historias desde siempre con las imágenes que descubría en cada mancha y desarrollé la habilidad de verle muchas aristas a las sombras que el tiempo va dejando en las paredes; depende desde dónde las mire: la hora y el estado de ánimo, para empezar a transformarme y ver figuras que solo yo puedo interpretar. A veces he llegado a pensar que yo nací para pensar, e imaginarme cosas mirando las manchas de las paredes. Soportando que me digan despistada desde siempre. Esto me viene de niña; cuando en las nubes del atardecer jugaba con la vista a dibujar: Los rebaños de vacas, caballos, chivas y carneros que armaba, y se iban cada vez que pestañaba; para al momento, según la fuerza del aire sobre los nimbos y cúmulos aparecieran los puercos, los patos, los barcos, carruseles… todo lo que lograba imaginarme, lo podía ver allá en el cielo, aunque fuera por un brevísimo instante. Lo que a mí me parecía una saya con vuelos, a Chango le parecía un pavo real. Discutíamos, hasta que la mancha de nubes desaparecía y se formaba la cabeza grande y redonda de un toro mono, sin tarros y Chango, a que no, que era la cabeza de un manatí. Así la tarde se escurría por el cascaron del horizonte, detrás de las lomas y mamá nos llamaba para el baño y a tomar la leche de chiva con espuma. Sentarnos luego en el patio a contar las gallinas, las pollonas, pollos, guanajos y el gallo machorro de cresta roja, que se templaba a todas las gallinas y pollonas antes de subir por la escalera a la mata de ateje; golpeándose el pecho rojizo con varios aplausos de las alas. Lanzar el quiquiriquí, hasta la madrugada, cuando cantaban todos los gallos del mundo y volvía a aplaudirse el pecho, y a cantar, para que papá se levantara a ordeñar la vaca. Los gallos finos nunca han tenido horario para el canto. No los dejaban mezclar con las aves del patio, para que no se cruzaran las razas y evitar que nacieran los pollos raquíticos capirros que mamá tanto maldecía. Por eso vivían encerrados en jaulas bajo el rancho de maíz, al cuidado del abuelo, que tenía la opinión de que los gallos de pelea no podían andar sueltos detrás de las gallinas, porque se le aflojaban las patas cuando los llevaba el domingo a la valla del pueblo. Se esmeraba en sus cuidados, al extremo de darles de comer malanga amarilla con leche, pesarlos cada mañana, tusarlos, afilarles los picos y las espuelas con una dedicación de gallero empedernido. Hasta que prohibieron las peleas y las vallas. Pero siguieron las peleas escondidos en los montes. Cómo se le ocurre a este hombre prohibir la única diversión del guajiro. Así comentaba con papá el abuelo Feliberto. Mamá barriendo en las tardes, las hojas secas que alfombraban el patio, cantando su favorito corrido mejicano: Ese lunar que tienes cielito lindo, junto a la boca…
Después de la comida, Ramón, se iba para el pueblo con el pelo brillando de brillantina; porque cuando regresó del servicio militar, le volvió a crecer la mota, ese pelo lacio que tanto añoraban las hermanas. Le gustaba darse peine delante del espejo y golpecitos con la mano para amoldarse la mota brillosa, queriendo parecerse a Elvis Presley; como decía Ena; aunque nunca aprendió a cantar rocanrol, y muchos menos bailar. Papá, le decía autoritario: ¡Temprano aquí! Se paraba de la mesa cuando llegaba el abuelo Filiberto y conversaban de las mismas cosas: de la siembra, los animales, los gallos finos y del tiempo lluvioso o la sequia. Prendía el quinqué con su fosforera de mecha, porque ya al farol chino se le había roto la camiseta y se pegaban al radio de pilas, para juntos escuchar las tonadas y controversias campesinas; y luego cantarnos: Un dime que te diré y un dale dulce a la clave, conversar con quien no sabe, es dar contra la pared. Anda, canta tú ahora; le decía apuntando a Chango, quien se llevaba la mano derecha al pecho, para puntear, y la izquierda digitando las cuerdas del tres invisible que inventaba en el aire, para responderle lo mismo de cada noche: Eres sapo sin barriga, eres camaleón sin rabo, eres sinvergüenza y vago, qué quieres más que te diga.
El abuelo Feliberto se iba riendo para la cocina a conversar con mamá, que fregaba los calderos y la losa de la comida.
Papá amagaba con pegarle parándose del taburete. Se armaba el zafarrancho: Chango salía corriendo. Yo lo seguía para subirnos en la manta de trillar, enrollada en el comedor, junto a los sacos de frijoles, y papá volvía a sentarse en el taburete recostado, con los ojos cerrados, canturreando bajito: No me tires con piedra monona mía de tu hermosura… Medio que se quedaba dormido, con un tabaco apagado colgándole entre los dedos, hasta que mamá lo despertaba dándole con una mano en la rodilla y con la otra, el jarrito de peltre con el café. Y él sobresaltado, preguntaba por el abuelo.
Mamá le contestaba: Hace una hora que se fue; porque Cacha está sola en la casa. Y volvía a repetirle la letanía de siempre: Voy a ver cuándo van a dejar esa casa; que les está al caer arriba y van a venir de una vez para acá con nosotros. Recogía el jarrito, miraba a papá con la misma mirada acusatoria, como si él tuviera la culpa de que los abuelos no quisieran mudarse para acá. Se secaba una mano en el delantal y, alguna que otra vez, le escuché decir: Vete a recoger a tus hijos, que están dormidos como los marranos arriba de la manta. Para volver a lo de todas las noches: ¡Mira la hora que es y Ramón no llega!
Decía alarmada alumbrando el reloj de pared. Recorría la casa con una chismosa en la mano, proyectando su sombra chinesca en las paredes; para idealizarla pensando que mi madre podía caminar por las paredes sin caerse; cerrando puertas y ventanas. Casi siempre me hacía la dormida sobre la manta, o el banco de la mesa del comedor, escuchando a mi madre hablando sola. Yo, soñando y pensando en Ena, allá en La Habana con todas las sombras de la noche para mí sola. Esperaba que papá me cargara en andas y me llevara a la cama. Luego venía mamá con la chismosa en la mano, para obligarme a sentar en el orinal, hasta que me acostaba de nuevo. Desde afuera, la densa calma de la noche trayéndome el canto de los grillos, la lechuzas y ladridos de perros, haciéndome latir el corazón, para sin saber cómo ni cuándo se me aflojara la llave del orine. Despertarme en las mañanas, empapada en la fría humedad de mis temores, para que la buena de mamá se dedicará cada mañana a lavar y tender en el patio las sabanas y mi ropa interior: era como tender a la vista de todos la pena de mis pudores. Cuando me veía en la mañana la cara de angustia, le hacía a Chango la advertencia amenazante, para que no fuera a comentar en la escuela, que yo me orinaba en la cama. De lo que estoy eternamente agradecida, porque me guardó este secreto para siempre. Mamá me prohibía en las tardes comer las cañas que abuelo traía peladas en trocitos y las jugosas naranjas del patio, para, según ella, ponerle coto a mis desagües incontrolados. Pero de nada servía. Desde que Ena se había marchado para La Habana, dormía sola con un nailon en la cama para no mojar la colchoneta, añorando el regreso de mi hermana en los veranos y fines de años, para cobijarme al tibio amparo de su lado y ahuyentar los sobresaltos en las noches.
Hasta que luego de mi primera menstruación, me curé de mis incontincias, del miedo de dormir sola. Para entonces Ena, me había hecho el vestido de los quince y las primeras fotos de cuerpo entero que tuve. Me sacó las cejas y me pintó las uñas por primera vez; el mismo día que me afeité las piernas, con la maquinilla de papá y la cuchilla Venceremos. Mucho antes de esa fecha, era yo la que le contestaba cuando leía sus cartas, sin sospechar que iba a continuar mi vida esperando cartas; ahora de mi casa y otra vez de mi hermana. A veces inventaba cartas, cuando Ena se demoraba en escribir, para calmar a mamá. Escribía también mi diario, donde siempre copiaba las canciones que más me gustaban del cancionero que me había traído de regalo Ramón, las cosas que me pasaban en la escuela y alguna que otra confesión en clave del novio que añoraba tener. Ni sé bien las libretas que llené desde mi época de la primaria y la secundaria, pero nunca se las enseñé a nadie y ahora mismo no sé por dónde andan mis libretas. A veces pienso que eso de escribir me viene de mi abuela Cacha, que escribía en la puerta interior del escaparate de cedro, las fechas de los cumpleaños y santos de sus hijos y nietos; las fechas en que las puercas se habían preñado y que era un jeroglífico casi indescifrable, donde leía estos apuntes desde niña. Hasta las primeras menstruaciones de mi madre y mis tías, están escritas con el trazo chapucero de su caligrafía, hecha con lápiz de carpintero. Chango también escribía, pero con la punta de un cuchillo en las palmas del potrero. Tallaba corazones con flechas y dentro ponía las iníciales Ch y B. La misma B de Blanquita, con la que se casó después, cuando terminó en la Columna Juvenil del Centenario. Porque al fin dejó la obsesión del boxeo y le dio tranquilidad a mamá, que solo hacia rezar por él cada vez que anunciaba una nueva pelea. Se pasó los tres años en el puñetero boxeo, peleando los fines de semanas en los estadios y en casi todos los centrales y bateyes de la provincia camagüeyana, para tener a mamá con el corazón en la boca. Hasta comentarios de él habían salido en el periódico Adelante, con su nombre real: Evelio Despaigne. Anduvo con el periódico doblado en el bolsillo, mostrándoselo a la familia y a los amigos, que no querían creer que se trataba de él, pues todos estaban seguros que su nombre era Chango, como lo habían nombrado toda la vida. Hasta que salieron de la duda el día que llegaron dos funcionarios del Inder; preguntando por Evelio Despaigne. Venían con planillas insistiéndole para que siguiera en el deporte de los guantes, porque había ganado hasta campeonatos provinciales en su peso gallo, casi haciéndole sombra a Emilio Correa. Querían llevarlo al Córdova Cardín. Menos mal que estaba embullado con Blanquita y dejó el dichoso boxeo, más por ella que por mamá.
Ahora estoy angustiada, lejos de los míos, mirando por las noches las sombras en las paredes; desvelada por este estropicio en las madrugadas: la música a todo volumen de los vecinos, con Jarry Lewis cantando: Pángola pángola, vamos a sembrar pángola, o sino la Monumental con el prendan prendan el mechón. Más el incesante traqueteo de las fichas de dominó en los bajos del edificio, mezcladas con el ronroneo de carros y pitos; mientras que por el día tengo que aguantarles las gracias a la gente del trabajo, diciéndome despistada cuando dejo el teléfono sin colgar, o se me queda abierta la pila del lavamanos. Me entran unas ganas de escribir oprobios contra todo lo que me perturba. ¡Desahogarme! Eso es lo que necesito, para controlar estos impulsos de gritar: ¡Váyanse todos al carajo! Pero me acuerdo de Ena y sus consejos… Menos mal que los fines de semana me voy para el Náutico a ver las ruedas de casino, porque el gogó y el yeyé solo se bailan en las fiestas privadas de los pepillos habaneros. Allá los aires de la playa me calman estos impulsos que me asaltan cuando estoy sola encerrada en el apartamento. Me divierto viendo las ruedas, disfruto del aire del mar, del atardecer desde el espigón del Náutico. Antes de coger la 132 para el regreso, y no tener que cocinar para mí sola, entro en Mare Apperto a comerme un spagueti y tomarme una malta. A esa hora se llena la pizzería de becados con la algarabía juvenil y sus uniformes carmelitas como Peters de chocolate. Las muchachitas con leotard y mayas negras debajo de sus uniformes y el pelo recogido como una cebolla, les dan el toque de estudiantes de danza en la cercana Escuela de Arte. Por suerte, marcan detrás de mí, si no me tengo que ir sin comerme el espagueti, porque es un grupo interminable que sigue creciendo, como si se dieran cita todos los alumnos de la beca. Me asalta de nuevo el recuerdo de Ena, contándome sus andanzas por estos lares, cuando aún yo no soñaba conocer La Habana. Era tan feliz en mi inocencia: escuchando los cuentos de Ena, montando en la montaña rusa, que imaginaba como algo lejano en las alturas y no esa mugre de madera y rieles a punto de derrumbarse…
Estoy pensando irme para el campo a pasarme el fin de año allá en la casa; ojalá que tenga suerte en la lista de espera en la terminal de ómnibus, para ver si cojo una Leyland, porque no resisto el tren.






Roma diciembre del 1972

Bárbara, quiera dios que al recibo de esta te encuentres bien. Yo todavía turulata. Me pasé todo el viaje con el corazón en la boca, sin saber cuándo aterrizaba. Te diré que cuando llegamos a Madrid, hubo que esperar como cuatro horas para seguir hasta Roma. No pude salir del aeropuerto. Llegamos a Roma por la tardecita y todavía estoy como pescaó en nevera. Claudio, el hermano de Marcelo fue a buscarnos al aeropuerto, Roma es lindísima. Me dieron una vuelta por el centro y pasé por la Plaza de La República, vi el Coliseo, el Foro romano y el arco de Constantino. Cruzamos el Tíber (acá le dicen el Tèvere) que, por cierto, está lánguido y apestoso como el Almendrares: pasamos frente al Vaticano, y Marcelo me prometió traerme para ver la Capilla Sixtina. ¡Te imaginas! Yo descocotada mirando las pinturas de Miguel Ángel y tener la suerte de ver al Papa Juan Pablo I en la misa de la Plaza San Pedro. Me acordé enseguida de mamá, y de la iglesia de El Cobre, le di un beso a la virgencita de la Caridad, pensando en ella. Llegué muerta de cansancio. ¡Pero aquí estoy! La casa de Marcelo está en el Euro, la ciudad que mandó a construir Mussolini, para que fuera la capital: un sueño del Duce, pero nada: Roma sigue siendo la capital. A la mamá de Marcelo casi no se le entiende lo que habla y me mira con una cara de loca, porque el otro día me cogió en la cocina con el peine caliente estirándome la pasión y empezó a gritar: Marcelo, Marcelo, a lei le brulla la testa. Desde entonces me mira con una cara de loca, que para qué te cuento… Por suerte vivo sola con Marcelo. Solo la he visto tres o cuatro veces. Ya Marcelo me compró una secadora, pero insiste que vaya a la peluquería y sus amigas, cuando cogen confianza, todas quieren tocarme el pelo. A todas les gusta el spendrum. Yo con ganas de tener el pelo lacio como ellas, para quitarme este martirio. Estoy fajada con el diccionario, porque aún no entiendo casi nada. Si supieras cómo me acuerdo de ustedes. Aquí se desayuna hasta con jamón. Al desayuno le dicen colazzione, al almuerzo, pranzo y a la comida, cena. Acá lo poco que entiendo en los noticieros es que hay mucha violencia y cosas de mafia. Es como la crónica roja que había antes allá, seguro que tú no te acuerdas de eso, pero se ven cosas horribles de asesinatos, salen en los periódicos fotos, escalofriantes. A los periódicos les dicen giornali y tienen más páginas que la Bohemia. Si estuvieras aquí te darías banquete hojeándolos. De tus revistas no me olvido, lo que pasa es que Marcelo me tiene que llevar al correo, que aquí se llama posta para comprar los sellos que se llaman francobolo y se escribe francobollo; di tú. Yo me reía sola, pues si le digo esto a mamá, se parte de la risa. Hay revistas de relajo en todos los estanquillos, que si Ramón y Chango, las ven se le hacen cayos en las manos de hacerse pajas. Ja, ja, já. Han puesto bombas la gente de las Brigadas Rojas; y los carabineros andan con armas largas y ropa de camuflaje, parando los carros y revisando maleteros. Marcelo dice que esto es un casino. Porque a estas locuras le dicen en italiano casino, aunque también hay casinos de juegos, y la lotería que se llama Bonoloto. Ya me he comprado mis bonos con el 19 y el 25, para ver si me gano un parlè, que aquí le dicen ambo. Marcelo está haciendo gestiones con su compañía para ir al Congo, pues, según él, allá pagan muy bien. Quiere que, además del italiano, yo empiece a estudiar francés, así que tendré que mecharme, como decimos allá. Pero en realidad extraño mucho a Cuba. Hace un frío de refrigerador del carajo. Aquí no se ve la nieve, hay que ir hacia el norte, donde están las montañas de los Alpes, casi en la frontera con Francia y Alemania, así que te debo las fotos de la nieve, pero fotos de Roma si te mandaré. Espero que Marcelo pueda llevarme a Sicilia, para ver el Etna, y aprenda a decir bien mi nombre. Sacarle fotos al volcán, pues en la cima siempre hay nieve, así te
complazco. Ayer estuve en la Fontana de Trevi y lancé tres monedas de espaldas, es una tradición. Se lanzan pidiendo un deseo, y dicen que el que lo hace se queda en Roma. Yo pedí que ustedes pudieran venir. Me parece mentira que ahora ande yo por las plazas y lugares que vi en las películas. Esto es como soñar despierta. Ojalá que le aparezca el lavoro en el Congo; como dice Marcelo, o que yo me gane un ambo. Aquí al salario le dicen soldi y el dinero se llama lira y mil liras parecen un dineral, pero es un mierda; figúrate tu, que una pizza normal vale casi dos mil liras; cuando tú sabes que allá una pizza vale un peso y veinte centavos.
Ah te diré que el agua le dicen aqqua y tengo agua caliente en la ducha y la cocina. Marcelo, me compró unos suavizadores que te pone la pasión como una blanca: no tienen nada que ver con el Laxagar que usamos allá; aunque a los dos días lo tengo como alambre de púa, por la herencia de papá. Echan unas películas de relajo, ¡que pá qué te cuento! A mí me da vergüenza cuando me las encuentro, que del susto apago la televisión. Marcelo, lo que hace es reírse y hasta yo me río… ya casi me estoy acostumbrando. Hay hasta tiendas de relajo. Pura pornografía. Se me acabaron los cigarros dorados que traje, porque los amigos y amigas de Marcelo, cada vez que sacaba una caja de la cartera, me pedían una sigareta: así les dicen a los cigarros. Yo pensaba que era solo a los cubanos los que le gustan las cosas de otros países, pero acá les encantan las cosas de Cuba; con decirte que hasta un pullover que traje con el letrero: Los Diez Millones Van, lo tuve que regalar y explicar que no se cumplió el plan de azúcar. Que fue una victoria pírrica, como la llamó Fidel. Hablándote de Fidel, ayer vi por televisión la visita de Fidel a Moscú, en el palacio de los Congresos del Kremlin, estaba dando un discurso por el cincuenta aniversario de la Unión Soviética; solo pusieron un pedacito en Rai Uno. Te diré que acá hay obsesión con el Che. Hay afiches de él por todas partes, porque en octubre se conmemoró su muerte y en todos los muros aparece la foto que Korda le hizo en 12 y 23. Casi todos los italianos piensan que el Che nació en Cuba. Cada vez que abro la boca para decir algo tengo que buscar el diccionario, para que me entiendan, porque al azúcar le dicen zucchero. Estoy fumando unos que se llaman Capri: son finíticos, como los que fuman las actrices del cine. Estoy loca por hacer algo, pero dice Marcelo que debo aprender bien el idioma para hacer los documentos en la questura, que así le dicen a la policía y luego el permiso de sogiorno, que es para el trabajo. Estoy pensando que a lo mejor monto un taller de costura, por acá hay hasta máquinas de coser eléctricas y telas preciosas en el barrio Chino que está cerca de la Termi, en la estación Central, y en la feria de Porta Portesa, que abre todos los domingos. Le estoy dando coco al asunto, porque puedo comprar muy barato al por mayor las telas, que acá le dicen compra al ingosso, pero tengo que esperar por los papeles y el permiso de sogiorno. Ya te contaré, porque lo de ejercer el Magisterio es más complicado por la dichosa gramática. Extraño a la escuela y los muchachos, el sol y el malecón. Acá se desviven por el calcio, como le dicen al fútbol, igual que nosotros por la pelota, con el equipo Mineros. Trato de leer lo más posible, pero con el diccionario a mano. Me acuerdo mucho de ti, cuando leo sobre el signo zodiacal, hasta en la televisión hay programas dedicados a los signos y a la cartomancia. Yo pensaba que solo a nosotras nos gustaba eso, pero acá nos quedamos chiquitos: solo le ganamos en la santería y la brujería. Perdóname si se me queda algo, pero ya tengo los dedos entumecidos, porque aunque hay calefacción tengo un frío que se me engarrotan las manos y si me confundo al abrir la mezcladora siempre se me va un grito, porque cuando no abro la caliente, abro la fría y lo que sale es agua para pelar pollos o hielo derretido. A la calle tengo que salir con guantes. Oye estoy como loca, te he contado por arribita. Dime cómo andan por allá. Cómo te va en el trabajo. No le des mucha confianza a la gente del edificio y no metas a nadie en el apartamento. Ojo con eso. Dime cómo están por la casa y cómo siguen abuela Cacha y el abuelo Feliberto. Dile que su nieta les manda muchos besos. Papá que deje las rabietas y que descanse más y trabaje menos, que para trabajar están los cabrones de mis hermanos. Dime cómo le va con la mujer a Chango. A Ramón que asiente cabeza y deje de andar de picaflor. Qué dice mamá. Casi ni pude despedirme de ellos. Mi pobre padre, casi no abrió la boca. A Ramón y Chango que dejen de tomar Coronilla, que siempre terminan en fajasones. Acá ahora están los preparativos para natale, y el capotano; así le dicen a la navidad y al fin de año. Tú cuídate, y dime si te dieron en la piloto la cuota del mes pasado. ¡Ojo con el trabajo y no hagas cometarios indebidos! No le des confianza a nadie y cierra bien la casa cuando salgas. Ni loca vayas a meter a ningún hombre en la casa. Ya de eso te expliqué bien. Bueno, mi hermana, aquí son las 10 de la noche y allá son las 4 de la tarde, de modo que estoy viviendo seis horas más que ustedes. De Marcelo te diré que está arrebatado conmigo, presentándome a todos sus amigos. A veces me da la impresión que debo parecerles un trofeo exótico que ven por primera vez. Ahora mismo voy a salir con él, y unos amigos que han venido de Napoli, para ir a cenar al trastevere, en un restaurante que se llama Pippo.
Así que he saltado del Malecón al Tèvere. ¡Pero tengo unas ganas de comer arroz blanco y frijoles negros! Aquí le dicen riso, o risoto al arroz ensopado y duro que hacen; a los frijoles, fagioli. Me acuerdo mucho de ti, por los espaguetis, pizzas y macarrones: bastante duros por cierto, por eso le llaman al dente… Oye, te dejo que ya Marcelo está bajando y ahorita empieza a parlar en romano y non capisco un casso. Como me dice él cuando le hablo rápido. O no entiendo ni pinga como le digo yo. Contéstame pronto. Un beso, Ena.








Filorisando

Filorisando

Filorisando

Agustín Dimas López Guevara

No sé por qué, desde que tengo memoria, la risa ha venido a coquetearme, o lo que es lo mismo: hacerme cosquillas. Tal vez por eso siempre soñé con hacer reír a la gente y convertirlos en cómplices de ese goce., aunque esto no se logre de modo general, porque están los eternos amargados, poniéndoles emboscadas a la risa. Pero no es de ellos que quiero hablarles, aunque tenga que utilizarlos como referencias.

Cuando se ríe, sin proponerlo le damos sepultura a lo triste y desagradable que la vida nos ha puesto como zancadillas en el difícil camino de la felicidad. Así que al aflorar la risa- escuchen esa palabra- aflorar-, es como decir: nace la flor-risa. Todo nuestro ser ríe, cuerpo y alma, para no decir que nos reímos con cabeza, tronco y extremidades, espantando las calamidades del alma, donde guardamos las cosas que n o se ven y que con el apuro de la vida hemos utilizado para uso personal la palabra almacén, por alma.

Quiero explicar este concepto de la risa, que lo he venido elaborando desde la primera vez que empecé a reírme solo. Fue cuando empezaron a llamarme risita, primero mis familiares y luego el vecindario. Ya para entonces el psiquiatra me había aconsejado, que riéndome no podría exponer mis criterios, así que hice un alto y me puse a meditar, pero esas meditaciones me han llevado a conocer el ángel de la dispersión, que me entretiene llevándome de la mano por otros derroteros. Así que de antemano me disculpo, si hablando de la risa, tomo el tema de los rusos- esta aclaración no ex profesa-, ha sido el azar, el subconsciente como dice mi psiquiatra-, por esa costumbre que solapadamente tenemos los cubanos en el cajón de la jodedera, de coger a los rusos para la risa. Porque aún desde los tiempos remotos de Mikoyan, Nikita, Brezhniev , Chernesvcko, Andropovch … sonaban los cuentos, así que figúrense ahora con el más reciente, el mago de Gorbachov, que desapareció a la URSS, sin sombrero, mostrando en su pronunciada calva esa mancha como la cagada de un águila y con una varita mágica que guarda dentro de su boca. Pero eso da más llanto que risa. El caso es que siempre estamos elaborando chiste, corriendo bolas de los bolos. De modo que explico esto no como justificación política, sino como aclaración, para despejar cualquier mala interpretación y que no aparezca la xenofobia contra ese pueblo, que tantas veces le llamamos hermano y jurábamos que nuestra amistad era eterna y ahora ese pueblo no se sabe comportar, después que el mago cobró por su actuación, estén haciendo travesuras a la historia, convirtiéndola en histeria, ripiando la política, sembrando la discordia y volviendo locos a los geógrafos, porque nunca van a terminar de conformar el mapa definitivo que le toca a cada ruso, armenio, checheno, lituano, estonio, usbeko … ese mundo de pueblos que conocimos por rusos, luego por soviéticos y que ahora no se saben comportar. Cuando se pongan de acuerdo, estoy seguro que encontraremos un nuevo modo de nombrarlos.

Déjame seguir en lo mío: la risa. Esa que sirve para todo. Existen variadas formas de risas, de modo tal hay infinidad de modos para nombrarlas, así podemos ver, escuchar, sentir, percibir, dibujarse en las comisuras de los labios risas buenas., es decir sanas, malignas, ingenuas, puras, tontas, maliciosas, perversas, sádicas o sardónicas- como la nombraban los antiguos-, hipócritas, locas, irónicas, burlescas, nerviosas, agradecidas…en fin la mar de risa, porque hasta la mar se risa. No puedo hablar de todas porque sería hacer un estudio interminable sobre la vida. Para solo poner un ejemplo: abarcar la risa hipócrita, llevaría serios y complejos análisis sicológicos, sociológicos, filosóficos y médicos, que seria para nunca acabar. Es como definir la risa tonta, que nunca llegaríamos a comprender de qué se ríe un idiota... aunque esta última, produce lástima, compasión a las personas de buenos sentimientos, burlas, choteos a los ignorantes de malas extrañas y la primera rabia, impotencia, pues está tan arraigada a la vida, que se convive con ella, comprometiendo la conducta de los humanos. No menciono la miedosa, porque es otra categoría conceptual que nos conduciría por el camino de la mueca y no se trata de eso. Yo pretendo hablar de la risa y de la forma rudimentaria en que puede aflorar, hasta convertirse en carcajada. De modo que para la comprensión pongo un ejemplo, casero y cotidiano: usted sabe que existen personas, familiares y amigos, que le tienen pánico a esa indefensa especie de animalitos saltarines que llamamos ranas y que también tenemos a familiares, amigos, que son amantes de las bromas: imagine a ese bromista colocando una indefensa ranita húmeda, en el bolsillo de la camisa, o en los zapatos que se va a poner el miedoso crónico- de solo imaginar la cara, el gesto, lo que quiero decir: el susto que recibirá ese miedoso, produce ese cosquilleo interior que hace dibujar a grandes trazos la risa, mientras el miedoso, pálido del susto, al borde del infarto, transpirando adrenalina, preguntándose cuando recupere el tino, cómo fue posible, con tantos lugares disponibles, esta ranita de ojos saltones, venga a colarse en su zapato, para ponerlo a sudar frío y el resto ríe a mandíbula batiente y mismo estruendo de las risas espanta a la rana hasta el próximo encuentro de un miedoso, si es que antes no la aplastan en la calle.

Infinita son las situaciones que provocan risas y nosotros los cubanos tenemos el número uno a escala internacional para provocar la risa: nos reímos de nosotros mismos, que es el primer escaño a subir para comprender la risa. Meditando sobre el asunto, he llegado a considerar que la risa debería estudiarse como una carrera universitaria, es decir una materia de estudios, como la historia, la filosofía, no sé, podría llamarse Filorisando… en fin el nombre que se lo ponga otro. Lo que quiero decir es que sea una carrera de estudio durante toda la vida y que la graduación se haga en la despedida de duelo, que por supuesto tendrá que cambiar su contenido, muchas veces hipócrita y formal que mantiene hasta hoy. De modo que esta graduación-antigua despedida de duelo-, se hable de todo lo bueno y malo que hizo el difunto recién graduado y así podamos conocer y valorar en su justa dimensión su paso por la vida, y reírnos, porque la risa evocará los momentos de felicidad del difunto. Por supuesto habrá regulaciones, que podrán irse adecuando, enriqueciéndose según los casos. De lo que si estoy seguro es que debemos cobrar las entradas en los cementerios, que se venderán por orden de llagada, para evitar aglomeraciones y que las flores se marchiten con la espera. Las funerarias no serán más ese reciento donde la gente llega a exprimirse las lágrimas, y evocar con frases entrecortadas y hechas la fatalidad del destino, por ejemplo: “No somos nada.” A sepultar con pésames gastados y pañuelitos en las manos, subvirtiendo los valores, confundiendo el amor con el llanto, y esto es una debilidad que los humanos debemos modificar. Así que las funerarias no serán más esos locales donde la gente le echa el último vistazo al difunto, mira el reloj y se disculpa, porque dejó a los muchachos con la vecina y figúrate la hora que es, y las guaguas siguen tan malas como siempre, mientras se toma el buche de café funerario y se despide de los dolientes, o aprovecha y se escurre en la confusión de los que llegan y se va sin despedirse. Por eso propongo que las funerarias se conviertan en el ante-sala donde se elaboren los panegíricos de los difuntos, con defectos, afectos, vicisitudes y virtudes., y que comenzaran a llamarse Tertulias para la risa. Serán conocidas con el homónimo de T.P R, porque adoptara las misma siglas que utilizan los estomatólogos en sus consultas de atención bucal, con el esmero de recuperar el diente o la pieza mala sin necesidad de extraerla, para no dejarle el hueco afeando la sonrisa, o sustituirla en el mejor de los casos por una postiza , que hace igual de estragos, limitando la libertad de la risa, por el complejo de que vean su espiga, su puente, su plancha… porque tienen cada nombrecito las prótesis dentales… déjame soltarme del ángel de la dispersión, porque las secuelas de las prótesis necesitan un estudio particular.

Bueno iba por el nuevo nombre de las funerarias, que se llamarán T.P.R, Tertulias para Reír. Sí que todo estará pensado. Habrá un tribunal que selecciones, busque y elabore el informe definitivo con los resultados de las venturas y desventura del difunto en su paso por la vida. Los integrantes del tribunal no podrán ser nombrados por los familiares, ni amigos, para evitar que se desarrolle el germen de los favoritismos, del nepotismo, ni del falso amiguismo que tanto daño nos han hecho ya. Serán elegidos por el voto directo y secreto, con antelación a las defunciones, de esa forma el occiso sabrá antes de morirse, quienes van a certificar sobre su paso por la vida., de modo que al igual que los sacerdotes, se le permita a este tribunal, poder conversar con los candidatos a difuntos y estos puedan plantear cualquier asunto pendiente con la vida, para no guardarlo como secreto entre el cura y dios, como se hace, sino para que sea de conocimiento público y ayude a comprender mejor la agonía que encierra los misterios que la muerte nos arrebata y desterremos de una vez y por siempre esa ridícula farsa de confesarnos a solas, casi escondidos, para que alguien nos guarde el secreto de nuestros pecados, que es como seguir pecando en la muerte. Por eso este tribunal estará a pruebas de sobornos, intrigas y sospechas: actuará solo con la imparcialidad de la justicia que hayamos conquistado, por lo que estará capacitado para despejar cualquier asunto que altere el curso de la graduación, quiero decir, en el plano de las relaciones amorosas. En tal sentido se le permitirá a cualquier amante, informar de manera verbal o por escrito, sobre relaciones íntimas , lo que permitirá valorar, si tales relaciones estaban sustentadas por los delirios del corazón y comprobar la facultad del difunto para dividirse los amores. Por lo que pueden acudir a las tertulias más de un amante con informes, quejas, elogios, por lo que el tribunal debe descartar cualquier intriga que pueda surgir por parte de amantes resentidos, aspecto este que atrasaría el proceso y crearía serios trastornos y desordenes y una estructura de reordenamientos en las morgues, para ir almacenando los casos que se enmarañen en el proceso de confección del certificado de graduación, por los vericuetos de las pasiones ocultas. Estas tertulias permitirán a familiares, amigos, vecinos, en vez de acompañar el tan ridículo pésame, aportar de modo verbal o por escrito, lo que pensaban, creían o sospechaban del difunto, por lo que podrá alargarse a más de veinte cuatro horas estas tertulias y nunca más de setenta y dos. Les había dicho que las entradas al cementerio se cobraran, ese dinero se destinará como fondos benéficos para centros especiales de apáticos, resentidos y mal humorados. Existirá un control estricto sobre los fondos, para que no vuelva a reproducirse ese mal que se oculta en el fondo de los bolsillos y que dimos por llamar malversación, cuando en realidad esa palabra lo que dirá, -según los nuevos dictados de la Real academia de la lengua-, Mal versación: persona que hace mal uso del verso. Podrá entonces decirse que tiene malversación, no cuando confunde la obra de un poeta por otro, sino cuando no logra hablar de ningún poeta. Lo otro es equivocación, que estará permitida como una constante para la superación humana. Así que ese mal de robarse los fondos, quedará como una deshonra de los antepasados y que para nosotros ahora, la preocupación fundamental será la conquista de la risa: esa que no la puede comprar el dinero.

Así los entierros pasaran a llamarse Festivales de la risa. Serán los nuevos motivos que ayuden a eliminar ese complejo de regionalismos que se crearon a nivel de municipios, provincias y capital. Cada lugar del país celebrará su propio festival de la risa, sin necesidad de venir a la capital para que lo hagan mal reír. De modo que los teatros y cabarets quedarían como escuelas de superación para los mal humorados y apáticos de la risa, que tendrán programaciones especiales, sobre la base de un programa integral donde estudien y comprueben los beneficios de la risa, como actores y a la vez espectadores de sus propios dramas y comedias, de modo que se vayan cocinando en su propia salsa y pierdan la dureza del mal humor con el juego de la actuación desinhibiéndolos definitivamente de la apatía, así entretenidos no ocasionaran mayores disgustos al resto de los humanos.

Ya dije al principio que esto traerá detractores, incomprensiones por parte de amargados y resentidos sentimentales que no querrán sumarse a este proyecto, pues querrán seguir viviendo de la risa socarrona, que es como seguir viviendo en la mentira de las despedidas de duelo, quizá porque teman que nadie podrá evocarlos con sonrisas, que será la forma suprema del cariño, el recuerdo y el amor. Porque el llanto solo quedará como reflejo del dolor físico, para evitar confusiones, ya que nadie podrá reírse al ser herido o golpeado en un accidente, porque habrá que dejarle margen a los locos ¿no? Así que el llanto que produce esa agua salada de los ojos y que le decimos lágrimas, producida por las desgracias y que están en el alma-cen de los recuerdos las borraremos del inventario de las nostalgias. Será un proceso lento que llevará cambios desde la cuna, a parte de los programas de estudios que lleven en sus contenidos mensajes y conceptos, así como ideas caseras que conocemos con el nombre de proverbios, refranes o dicharacho, todo ello llevará a cambiar los conceptos viejos por nuevos. Tal es el caso de del conocido “Niño que no llora, no mama” que será sustituido,- no por decreto, porque ya sabemos que los decretos frenan, pero no detienen definitivamente las inquietudes- sino que cambiará por la acción y atención materna por este nuevo concepto: Niño que ríe mamó. Como el llanto solo quedará como reflejo del dolor físico, tendremos que hacer la analogía del dolor y conformarnos con expresiones como esta: El que solo llora es porque de su suegra se acuerda. De igual modo variaran los refranes con los animales, en vez de decir: “perro que ladra no muerde”, se dirá: perro que ladra no es educado. Todo ello le dará una nueva dimensión, para permitirnos disfrutar mejor la alegría de la risa. Será una batalla larga, enfrentaremos infinidad de obstáculos, pero estoy seguro que surgirán nuevas razones para revitalizar la risa y patentizarla como símbolo de autentica cubanía: la risa que lo vence todo. Estoy seguro que a muchos nos gustaría despedirnos de esta vida, rodeados de amigos, familiares y amantes, bajo una lluvia de rosas vivas., todos, muertos de la risa.

Habana, Agosto del 94

Décimas para mujeres

Décimas para mujeres

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dècima para mujeres

Cada día de la vida
tiene su significación
su motivo, su razón
de alegría compartida.
o de dolor por la herida,
a causa del sufrimiento
todo tiene su momento,
para llorar y reir,
disfrutar el buen vivir
con el corazón contento.

El día de la mujer
debe ser cada mañana
porque risueña y liviana
nos llena de amanecer.
De otro modo puede ser
que se festeje una vez
y perdamos sensatez
recordándola en un día,
yo aspiro que la alegría
nos dure hasta la vejez.

Porque la Mujer no es,
solo el sexo con la cama
es el aire, agua , llama,
tierra para andar los pies,
es el fruto que se ve
oculto en una semilla
cuando en su vientre le brilla
el hijo que va a nacer
y entonces comienza a ser
La Madre, La maravilla.

8-3-2005
Agustín Dimas López Guevara

Décimas por decir

Décimas por decir

 

Décimas por decir

Autor: Agustín D. López G

 

Décima sentimental

Tus manos pudieran ser
dos ramas con hojas secas,
donde resaltan las pecas
para hacerte envejecer.
Porque el cuerpo empieza a ser
un mural, que el tiempo ha escrito
que advierte desde su rito,
con un lenguaje sin voz
como la risa es la tos,
que se convierte en un grito.

 

 

 

 

Anuncio para mañana

Voy a hilvanar una idea
para colgar en el viento,
a ver si en algún momento,
pasa alguien que la vea.
No pretendo que la lea,
aquel que nada me aporta,
que no ama, ni soporta
el cambio y si la rutina.
mientras la vida divina,
se hace cada vez más corta.
(1)
Testamento

Voy hacer mi testamento,
porque todo se termina
y mi vida, arena fina,
también se la lleva el viento.
Llega el preciso momento
a rendir cuenta y no hallo,
ni la soga, ni el caballo
de mi pasión desbocada.
Solo guardo tu mirada
hecha luz en cada rayo.
II
Detallo sin precisión
las riquezas que no tuve:
tu cuerpo fugaz de nube,
de relámpago y ciclón,
tus labios color creyón,
como una flor encendida,
dándole luz a mi vida.,
en un derroche de llama
hasta quemar nuestra cama
en fuego que no se olvida.
(2)
Adiós
Cuando dijiste hasta luego,
con un adiós con desgano,
te me rompiste en la mano
como una yema de huevo.
Yo nunca supe del ruego,
de la súplica de un beso.,
ni de promesas, ni rezo
para curarme el olvido
yo solo sé que te has ido
con un adiós sin regreso.
Oficio

Estoy de cuenta propista
haciendo versos de estreno,
y ya tengo un cajón lleno
como aporte decimista.
Tengo en venta una autopista,
de sueño sin pesadilla,
un mar que no tiene orilla,
donde nadie dice adios,
un asiento para dos,
pues tengo solo una silla.
(3)
Infancia
Cuando de niño yo andaba
con un cajón en la espalda
iba subiendo la falda,
de la loma y ya soñaba.
Solo el rocío me daba
malestar por la humedad,
recorría la vecindad,
en mi afán de limpiabotas,
cosiendo esperanzas rotas
soñando con la ciudad.
Ferocidad
Se me soltó el animal
atado en mi corazón
y no pierde la ocasión
para hacerme quedar mal.
Mira que yo era formal,
romántico, soñador…
pero ya perdí el pudor:
Ando con la fiera suelta
y por más que le doy vuelta
siempre se come al amor.
(4)
La Fuga.
De qué modo escapo, huyo,
de estas ansias de poeta,
sin encontrar la receta
que le da luz al cocuyo.
Si dejara de ser tuyo,
porque el destino es travieso
quisiera envolverte un beso,
aunque no tenga papel
en el beso, voy con él,
y me conformo con eso.
Deseos
Como un caballo de luz
que cabalga el horizonte,
quisiera espantar del monte
la oscuridad y la cruz.
Veloz como el avestruz
atravesar el desierto,
para ver si es falso o cierto
el calor que hay en el día
y porqué la geografía
dejó sin agua ese puerto.
(5
Décima para Kcho.
Me alegró tanto encontrarte
de noche en el Gato Tuerto,
que pude atracar en puerto
el barco que me pintaste.
Allá en Gerona grabaste,
en mi memoria de ayer,
como te miré crecer
bajo el remanso de Marta,
cuando soñabas tu carta
y un barco para volver.
Inventario
Voy hacer el inventario
de todo lo que no tengo
y cuando diga ya vengo,
por sendero imaginario,
piensa en el hombre ordinario,
que anda solo en su destino,
sin nunca perder el tino,
porque tino, nunca tuvo
y botó fuera del cubo
el agua por el camino.
(6)
Añoranza
La jaula que fabriqué
con güín de castilla y coco,
se me pudrió poco a poco
donde siempre la colgué.
Por la puerta se me fue
un azulejo de añil,
tomeguines, casi mil,
todos se fueron volando,
pero nunca supe cuando
voló mi sueño infantil.
II
Quería ser el primero,
el mejor de cada juego,
ser relámpago, ser fuego
y ser también pelotero.
Corría por el potrero,
por aquel potrero ralo,
en mi caballo de palo,
descalzo sin herraduras,
inventando travesuras,
jugando al bueno y al malo.
(7)
III
Por la pendiente me embalo,
conduciendo voy mi guagua:
lomo seco de una yagua,
que por la hierba resbalo.
Con la escopeta de palo,
debajo de la varia,
disparo en mi cacería
a una torcaza que canta,
pero el disparo la espanta
y no ha vuelto todavía.
Pastoreando sueños
En este intento baldío
de hacer versos con palabras,
voy pastoreando las cabras,
idas del rebaño mío.
Persigo en mi desvarío,
hacer realidad un sueño:
sin desmayar el empeño,
afanoso por hallarte,
quiero verte para darte
todo el amor que no enseño.
(8)
Viajero
Solo llevo de equipaje
este corazón maltrecho,
como una visa en mi pecho
sin corbata ni linaje.
Así que pago el pasaje
como un viajero sencillo,
sin dinero en el bolsillo
no me detengo a comprar
artificios de ultramar
con colorines y brillo.
Ida
Ya sé que no habrá regreso
en esta loca estampida,
te me escapas de la vida,
sin un adiós, sin un beso.
No habrá conjuro, ni rezo,
que me consuele al perderte
y si me llega la muerte
a buscarme sin atino,
la aparto de mi camino
hasta volver a tenerte.
(9)
Locura
Voy a morir de locura
recuerdos rotos y sanos,
me voy anudar las manos
al alma de tu cintura,
a ver que tiempo me dura
este consuelo inventado,
con que te traigo a mi lado
en un abrazo sin llave,
para que entiendas la clave
de este encierro sin candado.
Visita
Cada vuelta de regreso
a la tierra de mis padres,
el corazón me lo abres
por la costura de un beso.
No puedo salir ileso
de esta ancestral añoranza,
pues la nostalgia me alcanza
cuando tengo que partir,
como nacer y morir…
en el fiel de una balanza.
(10)
II
Mi memoria se fractura
en astillas de cristal,
me han dicho que sigo mal,
que no voy a tener cura.
Ando de cabeza dura,
dándole al recuerdo brillo
y desandando este trillo,
de regreso hasta la infancia:
Voy acortando distancia
con el alma en el bolsillo.
Décima para ti
En el constante deslave,
de mi corazón volcán,
mis sentimientos están
guardados siempre con llave.
No puedo darte la clave,
porque se me desbaratan
y en remolino desatan
el tornado de este amor.
Mariposa de mi flor.,
solo tus miedos me matan.
(11)
Hijo mío
En mi pecho guardo un trío,
de sangre, pasión y sueño,
delirio donde me empeño
para quererte hijo mío.
Por tu caudal pasa el río
de mi sangre, mi esperanza
y si la vida me alcanza,
espero verte también,
pasajero desde un tren
como interminable danza.
II
Tu madre es como la fianza,
que no acabo de pagar
porque su vientre, fue hogar
materno de tu crianza.
Ya la vida no me alcanza
para pagar tal entrega,
con ella su amor me llega
multiplicado hijo mío
como el espejo de un río
con esa luz que no ciega.
(12)
Homenaje
Estuvo Adolfo Martí:
con versos buscando un punto,
alrededor de un conjunto,
de Fajardo a Naborí.
De modo que llegó ahí,
en un viaje de reencuentro:
puso su nombre en el centro
y en el centro se ha quedado.,
con el verso bien versado
que le brotó desde adentro.
Elogios para Sabina
Dicen que Joaquín Sabina,
le canta tanto al amor,
porque ha sentido ese ardor
pasional que desatina.
Joaquín, a Madrid ilumina
con el fulgor de sus versos.
Luces de sus universos,
van dando luz a los ciegos
amantes, llenos de ruegos
por los caminos dispersos.
(13)
II
Lo acusan por sus excesos:
noctámbulo, empedernido,
españoles que han crecido
sin neuronas en los sesos.
El precipicio de besos
que Joaquín lleva en su boca,
no es el vino que le toca
bebiendo en Antón Martín,
donde Sabina, es Joaquín,
con dos tragos a la roca.
El Ajedrez
En esta sola partida
de ajedrez que nos jugamos,
sin saber nos acercamos
al mate de nuestra vida.
Por suerte con esa ida,
otro comienza a jugar:
tablero para entregar
el talento, la razón
de convertir al peón
en reina por coronar.
(14)
Parisíando
París, lloviznoso invierno
donde el artista te sueña,
incienso de blanda leña
ardiéndome en fuego eterno.
Ese temor frágil, tierno,
se me invierna junto al Sena
cuando la campana suena
anunciando para misa.,
pasan turistas, sin prisa
víspera de noche buena.
Abuelo
Mi abuelo se afeitaba con navaja,
afilada en el cuero de su cinto,
junto al pozo de brocal donde lo pinto,
con la musa nostálgica que baja.
Domingo de reposo, no trabaja
parte a la Valla , con su fino gallo,
el sombrero de pasear, con su caballo
y su ausencia en el pecho se me encaja.
(15)
Sueños
Asomado en el brocal
atento, miraba al fondo,
para verme en el redondo
espejo del manantial.
Ver la blancura de cal,
de las nubes caprichosas
dibujándome las cosas
allá abajo en ese puerto,
donde soñaba despierto
barcos, peces, mariposas…
II
Inevitables ventosas
se prenden en mi recuerdo,
camino donde me pierdo
con el olor de las rosas.
Llegas de pronto, te posas
nostálgica y añorante,
desnuda, digo elegante
musa que viene a buscarme
y con diez versos dejarme
esta zozobra inquietante.
(16)
Tamarindo
Tamarindo, con su calle
divisoria a la mitad,
entró en la modernidad
y ya tiene un nuevo talle.
Se ha extendido por el valle
este pueblo de mi infancia
que me impregno su fragancia
de olores que nunca olvido:
Soy el hijo desprendido
que te añora en la distancia.
Ilusión
Ya que no puedo volar
con las alas de tu amor,
dame al menos el rumor,
el aleteo de tu andar.,
porque te amo y amar,
es darle candela al cielo
convertir en vino el hielo
embriagado de placer
misterio que viene a ser
la sombra de este desvelo.
(17)
Descubrimiento
Cada vez que en el espejo
veo mi rostro en la mañana,
la blancura de una cana
me hace sentirme más viejo.
De la juventud me alejo,
me marcho sin entender,
y me angustio por saber
las causas de cada mal.
Cuando llegue a mi final
terminaré de aprender.
II
Estuve por fin feliz,
esperando por la musa
mientras despojé la tusa
de los granos del maíz.
En la vuelta a la raíz
de este pasado remoto,
cuánto más indago noto
que ando solo en este viaje,
repasando el equipaje
de un rompecabezas roto.
(18)
Ausencia
El sabor del caramelo,
que tanto añoré en la infancia,
era el amor, la elegancia
en la mano de mi abuelo.
Me queda este desconsuelo
del nieto que ya no soy,
buscando al abuelo voy
en un viaje hacia el ayer,
para volverlo a traer
hecho sueños donde estoy.
Búsqueda
Del almacén de las rimas,
busqué palabras de estreno
para nombrarte lo bueno
que ocultas allá, en las simas.
El amor no me lastimas,
porque el llanto con su sal,
supo curarme el fatal
desvarío de pasiones
y hallar en ti las razones
para alejarme del mal.
(19)
Antojo
El hueco de tu alcancía,
donde guardo mi moneda,
es esa hendija que queda ,
en medio de la alegría.
Mira que la geografía,
de tu cuerpo es un antojo,
que estando dentro me mojo,
con una humedad fecunda
y hasta el alma se me inunda
con el placer que recojo.
Romanzas
Cuatro letras tiene Roma,
las mismas que tiene amor,
ciudad de frío y calor,
con plazas, por donde asoma,
el vuelo de una paloma,
sobre un gigante redondo,
que oculta dentro, en lo hondo
la sangre de gladiadores,
las muertes con sus horrores
y el eco sordo del fondo.
(20)
II
Roma tuvo Emperadores
que el poder los desquició
y la gloria se esfumó
como escapan los olores.
Murieron los vencedores
de aquellos años de gloria
y en la piedra de la historia,
en cada esquina de Roma
la muerte, siempre se asoma
para escarbar la memoria.
Despedida
Como un pacto que se sella
en la muerte sin remedio,
nos cubre el duelo y el tedio
cuando se apaga una estrella.
De tal modo te vas Bella,
junto a Eliseo y tu hijo,
piezas de ese crucifijo
hecho de carne y amor
apagan el resplandor
con las sombras del cortijo.
(21)
Génesis
Mundo, misterio redondo
que nadie le encuentra el fin,
en galáctico trajín
vamos contigo hasta el fondo.
Con ese temor me escondo,
para evadir a la muerte,
no quiero llegar a verte
diluviando otra agonía
en temblor de astronomía
para volver a nacerte.
Suerte
Cada humano que te sueña,
quiere hacer verdad el sueño
como un quimérico empeño
si la riqueza lo preña.
Arde en su fragua la leña
de una agónica ilusión,
todo no es más que carbón,
eterno chisporreteo,
dónde antaño Prometeo
fundió el primer eslabón.
(22)
Ingratitud
Atado en un paredón
-dice la mitología-,
pasó la noche y el día,
colgado como un pendón.
Ni Zeus le dio el perdón
por darle al hombre la luz
y murió como Jesús,
despedazado en la muerte,
pero no tuvo la suerte
de revivir en la cruz.
Las trampas del cariño
El tiempo de otra eternidad,
que allá en la infancia dejé,
como espejo lo manché
al llegar la pubertad.
Con un temblor de ansiedad,
llegó el amor, me hizo un guiño,
sacó de mi pecho al niño,
puso a un hombre en su lugar,
que no hace más que tropezar
con las trampas del cariño.
(23)
Casa de sueños
Quisiera hacerme una casa,
un almacén del querer,
para poderme beber
el café servido en taza.
Sentarme y ver cuando pasa
la tarde, llena de aves,
buscar en las nubes claves
para un cuadro transparente
y pintarte en el poniente
atardecer donde cabes.
Petición
Dame el silencio del mundo
que lo voy a repartir,
para empezar a vivir
cada sueño que fecundo.
Sentir el rumor profundo
de un aletazo de pez,
poder calmar el estrés
unido a tu sexo en celo
y abrir las puertas del cielo
para que subas después.
(24)
Mulata
Multa de cintura bien torneada,
que te miro cuando pasas por mi lado
y me enciendes la mecha del pecado
con el brillo provocador de tu mirada.
Te añoro al no verte desandar la calle,
de estas aceras europeas y frías,
donde rubias de otros geografías
no tienen comparación como tu talle.
En sueños me traslado hasta tu orilla,
voluptuoso temblor de los abismos
y en la agonía confusa de espejismos
te moldeo en los sueños como arcilla.
Desfiles
Noche de modas, cócteles:
Modelos en pasarelas
plumas, telas, lentejuelas
desvelan a las Cibeles.
El desfile sobre rieles
es vano, soso oropel,
círculo de carrusel
para que la moda viaje
el rico se compre traje
y el pobre muera sin el.
(25)
El tiempo
Vengo de un tiempo pasado
que se me hace presente,
soñando un futuro ausente
sin haberme despertado.
No se que rumbo ha tomado,
¿dónde se encuentra el futuro?
Estoy ansioso, lo juro
buscando la claridad
pero la luz: brevedad,
me deja ciego en lo oscuro.
Lucas Buchillón
( A su memoria)
¿ Con qué afilado azadón
labraste en tu valle imberbe,
donde el verde que te hierve,
es savia en el corazón.?
Lucas, desde tu sillón,
con dos alas en las ruedas
volaste al monte, te enredas
reverdeciendo en el monte:
Así en tu verde horizonte
eternamente te quedas.
(26)
Cancerberos
Te voy a soltar los perros
que ladran en mi conciencia
no habrá conjuro, ni ciencia
contra los fieros gamberros.
Me libro de los encierros,
de las sombras, me hago luz:
con espada y arcabuz ,
hechos de fuego y de filo
para mantenerte en vilo
si te sueltas de la cruz.
Disquisiciones
El mar se bebe los ríos
y no aumenta su caudal,
el agua se vuelve sal
en los estanques sombríos.
En los inviernos más fríos
el mar se convierte en hielo
y en el constante desvelo
por el río y por el mar,
no hago más que zozobrar
entre la tierra y el cielo.
(27)
El hijo del aguacero
Tu eres mi puerto: la mar
yo el río de las montañas,
que penetro en tus entrañas
para hacerte fecundar.
En un ciclo secular
nuestra unión se hace vapor:
de las nubes en temblor
llega el hijo en aguacero
desbordándome el lindero
con el parto de tu amor.
El préstamo de Cupido
Se me abrió el escaparate
donde guardé mi locura:
no encuentro la cerradura
que cierre mi disparate.
Ando solo como orate
con esta locura a cuesta,
para encontrar la respuesta
del amor que se me ha ido
pedí consejo a Cupido
y me prestó una ballesta.
(28)
Beso
Cuánta luz, cuánto destello
te vi brotar por los ojos
como chispeantes cerrojos
bajo tu negro cabello.
Me quedaba sin resuello
viendo tu risa tan loca,
dibujo que me provoca
una invitación al beso
y del recuerdo regreso
por el beso de tu boca.
Desafío
Me escapo del calendario,
de los meses y los días
rompo las monotonías
del reloj y el uso horario.
Seré siempre un temerario,
sin tiempo como la urgencia,
lejos de toda frecuencia
en busca de lo imposible
para hallarme disponible
con la luz de mi conciencia.
(29)
Mar
Palpita, resuella el mar
contra la roca en la orilla,
la espuma se vuelve astilla
blanquísima hasta brillar.
En eterno batallar,
lleva y trae en cada oleaje
el misterioso mensaje
desde ese mundo marino:
comienzo y fin del camino
inicio del mestizaje.
Río
En el líquido tropel
que arrastra en su cause el río,
se va el pensamiento mío
hecho un barco de papel.
Papalote sin cordel
buscando playas remotas
y aleteos de gaviotas
con el lápiz de sus picos
se empeñan: hacen añicos
estas ilusiones rotas.
(30)
La tarde y la noche
El horizonte se traga
los destellos de los rayos,
el sol, fenece en desmayos,
porque la tarde se apaga.
La noche: oscura maga,
hace una capa de amianto
y la magia se hace encanto
cuando aparece la luna
y el cielo, techo, fortuna
borda estrellas en su manto.
La rima
Quiero anudarme la rima
a la cintura, cual cinto
y ver de qué modo pinto
el verso que me lastima
Aunque el alma se me oprima
sigo el juego, en esta ida
cicatriz de oculta herida
de este dominó sin fichas
buscando frases bien dichas
para ganar la partida.
(31)
Otra vez el aguacero
Mirando caer la lluvia
hecha caudal en las tejas,
el óxido de las rejas
me tiñe la infancia rubia.
Escarba la fina gubia,
Buscando otro derrotero:
La memoria, sin lindero
se va conmigo a buscarte
y me llueve en otra parte
la angustia de un aguacero.
El perro
Ladra a los sombras el perro,
enseña colmillos blancos
erguido en sus cuatro flancos
oteando el aire del Cerro.
Desde el patio de su encierro,
gruñe su rabia canina
y en monótona rutina
se acuesta luego a dormir
porque no puede decir
que hay olor a perra ruina.
(32)
La rima
Quiero ceñirle la rima
a la cintura del verso:
para ver cómo lo terso
en la fragua con la lima.
Octosílabos de cima,
sin que le sobre o le falte
para que a la vista salte
como abrazos en uniones:
Cadena con eslabones
de sonorísimo esmalte.
Punto de vista
Para mi las calles son
guardarrayas con asfalto,
y cada edificio alto:
las montañas de hormigón.
No es que invierta la razón
o el cable de la corriente,
donde misteriosamente
puedo ver en las pantallas
los ríos, pueblos y playas
pobladas siempre de gente.
(33)
El fuego de la maldad
Que triste y que vano empeño
del que ambiciona riqueza
que manda a colgar cabeza
porque así logra su sueño.
No sabe que nadie es dueño
del destino de otros ser
y la palabra poder
la emplean en sus antojos
y quieren cerrar los ojos
del hombre que quiere ver.
El lenguaje
El lenguaje, no es la moda
que cambia en las estaciones.,
se enriquece en expresiones
que el habla le pone y poda.
El léxico le acomoda
los giros que da en el viaje
y el diccionario equipaje
va guardando la escritura
de una abierta cerradura
en donde habita el lenguaje.
(34)
Rapto
Carlos Enrique, luz, rayo
en un rapto de cordura
dejó presa en la pintura
las mulatas a caballo,
insinuación al desmayo:
hechas de cobre la piel,
los senos, panal de miel
invitación a la boca
y toda la vista es poca
para ver el cuadro aquel.
El otro rapto
Nelson Domínguez, pintó
a un sátiro en su faena
seduciendo a una sirena
que en la playa se durmió.
Ella de ingenua perdió
la virginidad en el mar
y no se puso a llorar
porque ahora que lo pienso,
no quiso mojar el lienzo
donde se dejó pintar.
(35)
Esperando la respuesta
El mundo se me desgaja,
sin verde se queda el mundo
se fracciona en un segundo,
como un cristal se me raja.
¿Quién detiene, quien ataja
el deterioro del clima,
los desiertos, esa lima
que hace estéril a la tierra,
el fuego, el hambre, la guerra
que a la muerte nos arrima?
II
Debiera ocuparse más
El Papa en el Vaticano
y sin la cruz en la mano
pedirle al imperio paz.
Desprenderle el antifaz
que le cubre el rostro al clero:
unirse al pobre, al obrero,
sin rezos ni crucifijos,
darle alimento a los hijos
hambrientos del mundo entero.
(36)
Volcán
Allá en el fondo del mar
duerme un sueño en lo profundo,
la rabia que tiene el mundo
hirviendo para matar.
Cuando empieza a bostezar
el mar se hace maremoto
y de un pasado remoto
se sacude de su peso
en prolongado bostezo
de fuego en el cráter roto.
Caminante
Dice el refrán que no deje
los trillos por la vereda,
porque la senda se enreda
con los bejucos que teje.
Yo prefiero, aunque me aleje
dejar los trillos trillados,
buscar en montes cerrados
nuevos olores y trinos,
que luego serán caminos
de peregrinos cansados.
(37)
El pavo real
Tornasolado abanico
vitral vibrando en la tarde,
espejismo que me arde
en el recuerdo de chico.
Calidoscopio hecho añico
en el ruedo del amor:
Azul, morado verdor.
corteja a ceniza pava
y con su brillo la lava
cuando la cubre en temblor.
Marinero de mi barco
Se desata el temporal
y asomado en la ventana
miro comos se desgrana
la tierra en el lodazal.
La furia del vendaval
me remolina la sien,
voy pasajero en mi tren,
mustio, solitario, parco
marinero de mi barco
buscando un puerto, un andén.
(38)
En el pubis de tu monte
No voy a decir que callo,
pues el silencio me deja
libarte como la abeja
en los rosales de mayo.
La lluvia la anuncia el rayo:
latigazo de ansiedad,
bostezo de tempestad
desdibuja el horizonte
y en el pubis de tu monte
me nace la eternidad.
El paisaje
Olores que el aire niega
pero yo guardo ese olor
condimento del amor
nostálgico que me llega.
Todo el verde de la vega
de aquel paisaje cambió
porque el tiempo mutiló
árboles, casas, paradas,
el resplandor, las miradas:
Solo mi amor no borró.
(39)
Futbolistas
¿Si por patear un balón
se hace a un hombre millonario,
resolvemos el calvario
de muerte y desnutrición:
Pero esta contradicción
¿de millonario pateando?
¿sin nadie más trabajando?
Habrá que hacer gol en Marte,
para ver si en esa parte
nos dejan comer jugando.
Alza de precios
Alza de precios en los pisos
insostenible en Madrid.
Dicen que hasta el propio Cid
lleno de asombros castizos
sacudió sus pelos rizos,
despojándose un conjuro
pues fue a pagar con un duro
lo que cien euros costaba
y se quedó en la posada
petrificado en el muro.
(40)
De tronos reales
Llevo tiempo meditando
¿Cuándo termina esta casta,
de esa familia que gasta
en viajes giro vagando
joyas y trajes comprando
por ser familia real?
Mira si España anda mal
que sigue con reina y rey,
con herederos de ley
disfrutando el Escorial.
II
Cuánta ironía, que ultraje
esto de familia real
como una estirpe viral
restregándonos linaje.
Tal parece que un vendaje
nos privara la visión,
la cordura y la razón
para hacernos irreales
tarados y subnormales
súbditos de una ilusión.
(41)
III
No sabe ningún mortal
cuánto dinero se paga
para que la ralea haga
su vida en el Escorial.
Son gastos de un carnaval,
interminable, ¡que hazaña!,
que al pueblo el bolsillo araña
para pagar el reinado
con infantas por un lado
y más principes en España.
IV
Nadie me va a convencer
ni viviendo en las antillas
que los reyes en sus sillas
nacen con ese poder.
¡Pamplinas, hostias, joder!
¿Reinado en tiempos modernos?
¿Toros de lidia sin cuernos?
¿Qué farsa tan descocada?
Y ya, no digo más nada,
si los ricos son tan tiernos…
(42)
Rumbeando
El yambú no se vacuna
el guaguancó si lo hace
con un erótico pase,
no deja duda ninguna.
El baile, goce, fortuna,
destreza en los movimientos,
marcan los pies con acentos
un ritmo de maravilla
para que la jiribilla
se mueva con otros vientos.
Caballito de la mar
En el potrero del mar
hay caballos y corales
bañándose con las sales
para salir a pasear.
¿Me convidas a montar?
-Le dice un niño a un caballo-
y en menos que canta un gallo
sueña que va de jinete
sin espuelas y sin fuete
veloz como luz de rayo.
(43)
La jungla
La selva con su espesura
le da abrigo a los orichas
y las leyendas no dichas
se hacen voz en la pintura.
Misterios de la negrura,
mitos, enigmas del monte:
distancia sin horizonte
para una jungla ¿de asfalto?
la Nganga sube a lo alto
viajando de polizonte.
Zaida del Río
Como en el aire posado
así te liba un zun zun
y lleva en el pico aún
el polen que le has pintado.
De tu pincel han volado
las aves de tu niñez:
diminuta pequeñez
hecha grande en la pintura
donde el misterio perdura
entre colores… tal vez.
(44)
Los gallos
En eterna madrugada
cantan tus gallos Mariano,
por el pincel de tu mano
como una espuela afilada.
Fino pico, cola halada:
temblores de las yagrumas
en acuarelas sin brumas,
saltan al ruedo tus gallos
como flechazos de rayos
iridiscentes las plumas.
Roberto Fabelo
Con peces en la cabeza,
caracoles en el pelo
llena su jarro Fabelo
en miniatura destreza.
La sirena es la belleza
que con su cola tal vez
no le hacen falta los pies
para invitarte a pasear
en el plato hecha manjar:
delirio de exquisitez.
(45)
Floras
Florece Portocarrero
hecho jardín en el pelo
como un botánico anhelo
escapado del tintero.
Óleo, mujer solo quiero:
rostros, sueños y floresta,
acuarelas hecha fiesta
por las manos de René.
cada mujer se le fue
con la primavera acuesta.
Servando Cabrera
Con qué serena plumilla
hiciste ese trazo bello:
La elegancia desde el cuello,
en viaje hasta la mejilla.
Las flores en redecilla
miran con celo a los ojos:
almendras de los antojos
en cofre de las pestañas.
Mitades de las castañas
brillosa en los labios rojos.
(46)
Manuel Mendive
Has atrapado en el lienzo,
en la piedra y el metal
Agua, Hombres, Pavo Real,
y los Peces del comienzo.
Sutil humo del incienso
de los ritos del panteón
Los esclavos, ahora son
sufrimientos hechos arte,
y aún te escarba en otra parte
El pavo en tu corazón.
Kcho, soñando los barcos…
Nuestra Isla va de viaje
Kcho la puso a remar
hecha un barco por su mar,
con remos rompiendo oleaje.
En transparente ramaje
con los trazos del carbón
vuela su imaginación
del astillero taller
para que le puedan ver
las velas al corazón.
(47)
Gitana Tropical
Es el cuadro la ventana
donde el artista soñó
y el blanco lienzo pintó
con un rostro de Gitana.
Desde una Francia lejana
quizo curarse del mal,
y sin estola ni chándal
atrapó Victor Manuel,
con la gracia del pincel
su Gitana tropical.
Pogolotti
La fragua, el humo, el taller
el obrero en su misión
Pogolotti en su visión
pintado lo dejó ver.
Todo puede parecer
una predicción fatal
donde se fragua el metal
y no hay nada que decir
porque no puede escribir
su angustia El intelectual.
(48)
Amelia Peláez
El lienzo se hace mantel
para servirnos la cena
con frutas de la alacena
retocadas con pincel.
Vitrales del sardinel
filtran la luz desde el mar
por donde suele asomar
el trópico y sus colores
con los búcaros y flores
invitándonos a entrar.
Donde habita el amor
Deshojando margaritas
como un triste soñador
los pétalos de mi amor
ni con tu olvido marchitas.
Resucitan en mis cuitas,
viven conmigo en la mente
por ese invisible puente
donde viajo hasta tu encuentro
justo ardiéndome en el centro
del pecho tu amor ausente.
(49)
Mi abuela, la que tejía
En la mano una agujeta
desde el hilo de un ovillo
con espejuelos sin brillo
tejía mi abuela quieta.
Con cada puntada aprieta
mi cordura con el hilo,
me hace más dócil, tranquilo
ella tejiendo manteles
yo soñando redondeles
extasiado, casi en vilo.
Primas
Tijeras, corte, costura…
mis primas se hacen mujeres,
entre las telas y enseres
le dan forma a la hermosura.
El horizonte en su anchura
para ellas se hizo estrecho
el amor creció en el pecho
como primavera en flor
taburete, noviazgo, amor
volaron buscando techo.
(50)
Levito con mis abuelas
Gotea en mis pies sin suelas
el agua que cae del jarro
y del recuerdo me agarro
en este barco sin velas.
Evoco a mis dos abuelas
con pañuelos anudados,
de sus tesoros guardados
por las puntas de un pañuelo
y con la magia del vuelo
levito hasta sus bordados.
Adorno
Un almanaque de adorno
en un paral del testero,
me desbordaba el lindero
de la casa y el entorno.
Una rubia medio porno,
bebiendo cerveza Hatuey
con labios color mamey
me invita con la copa
a la desnudes sin ropa
como ramera de ley.
(51)
La novia en la pared
La mujer del calendario
fue mi novia en la pared,
donde calmaba la sed
de mi amor imaginario.
Todos en el vecindario,
soñamos sueños de amantes
buscando amores galantes,
provocativos en fotos
para luego terminar rotos
esos romances distantes.
De sueños y pesadillas
Hoy me desperté sonriendo
pues soñando me reía
que solo el mundo tenía
las cosas que estaba viendo.
Al despertarme comprendo
como dijo Calderón,
que los sueños, sueños son,
y la vida es más compleja:
Lo que no escucha la oreja,
no lo sufre el corazón.
(52)
Meditaciones
Me puse a pensar un rato
al derecho y al revés,
queriendo hallarle tal vez
las cuatro patas al gato.
Cambia el color el lagarto,
Nada es verdad ni mentira.
La tierra se mueve, gira,
rota su capa de ozono
mirando al cielo razono:
¿Por cuál hueco Dios nos mira?
II
¿Es el diablo el que bosteza
por el agujero abierto.?
Soñándolo me despierto
con dolor en la cabeza.
Gime la naturaleza
su catastrófica suerte
porque la escoria que vierte
el desarrollo en su paso
nos va acercando al ocaso
en donde acecha la muerte.
(53)
III
Ya sé que no está en el cielo
porque mi razón se adiestra
con la ciencia que demuestra
las verdades desde el suelo.
Pero la iglesia en su duelo
siembra la fe con su rezo
para mantenernos preso
en la celda de la mente
a un Dios invisible, ausente
creador del universo.
Preguntas para mañana
El hielo se ha reducido
los árticos se derriten
y los pingüinos no existen
ya son partes del olvido.
¿Por qué galaxia se han ido
las bondades de la tierra.?
Los arroyos de la sierra,
los lagos, las primaveras,
tus piernas, y tus caderas
y las glorias de la guerra.
(54)
Volver a nacer

Quiero volver a nacer
andar el mismo camino
para enseñarle al destino
que ya no soy el de ayer.
Nada me va a sorprender,
ni las trampas de tus ojos
podrán ponerle cerrojos
a mi amor de juventud,
ni esta serena quietud
tendrá reposo de antojos.
Te vislumbro
Yo, naufrago solitario
buscando ansioso tu playa
donde mi mirada encalla
en los ojos de tu acuario.
¡Cofre de mi escapulario,
refugio de este volver!
Te vislumbro, isla mujer,
con el puerto en tus caderas
donde encuentro primaveras
para volverme a nacer.
(55)
Reyes magos
El soñar la fantasía
hecha regalo de mago
era un sacrificio pago
cuándo mi padre podía.
Pero entonces maldecía
al camello, a Baltasar,
mi hermano se echa a llorar
despierto ya en la mañana,
mirando la palangana
con el agua sin tomar.
II
No sabía de pesebres
ni de Reyes, ni camellos
pero soñaba con ellos
en un letargo de fiebres.
¿A dónde fueron las liebres
que quise atrapar cazando?
¿Dónde me quedé jugando
con juguetes que no tuve
para armar con cada nube
las cosas que iba soñando?.
(56)
Nuevas formas decimales
[a1] Nuevos sabios, eruditos
quieren imponer sus pautas,
para que suenen sus flautas
otras notas con los pitos.
Para mi serán sofritos
confundiendo el paladar.
¿Nuevos estilos armar
para jugar con la rima?
Estructura que da grima
si la empiezo a deletrear.
II
Pienso que nada le aporte
cambiarle al verso la horma
para que la nueva forma
le dé prestancia en el porte.
Así que buscando un norte
de formas, en nuevo estilo,
quieren bordar con un hilo
una espinela especial,
vender sin hoja el tamal
y pedirle vuelto a un kilo.
-57-
Payaso

Yo soñaba ser payaso
hacer reír cada niño
y en un puente de cariño
enlazarlo con mi abrazo.
La vida, por otro paso
me llevó a la poesía
y padezco esta agonía
donde la risa se pierde,
en la primavera verde
que marchitó la sequía.



[a1]Los nuevos poetas posmodernista, que pretenden rimar palabras de carácter técnico que nada tiene que ver con la poesía.

 

El último pintor surrealista
Agustín Dimas López Guevara
Allá en la Sacra, (en la casona estilo bungalow, con arboleda de mangos, cercada por un muro de cemento y rodeada del mar verde de toronjiles) estaba la Sede de los Instructores de Arte, conocida entonces como Brigada X Aniversario. De allí salíamos cada día y cada noche rumbo a las escuelas de Gerona, las secundarias y preuniversitarios en el campo, dispersas en la citrícola geografía, para atender los grupos de aficionados en todas las manifestaciones artísticas, unas veces en el camión gaz que manejaba Moralito o Cirilo, o en la guagua Girón que conducía Nildo.
Llevábamos una vida de albergados con un régimen de veinte y cuatro días de trabajo por seis de descanso, que prácticamente, La Sacra era nuestra casa y los compañeros nuestra familia. Participamos como todos en las grandes tareas de transformación de la Isla de Pinos, para convertirla en Isla de La Juventud.
El famoso cien x uno, que consistía en sembrar cien plantas de cítricos en cada jornada de trabajo voluntario en el terreno árido y pedregoso de aquella geografía desolada, las tareas de choque en la ampliación del Hospital Héroes de Baire, la modernización de la Planta Eléctrica, el nuevo combinado Citrícola, la limpieza de las áreas del antiguo Presidio Modelo, que pertenecía a la Dirección de Cultura y dónde funcionaba ya el Museo, donde conocí toda la arquitectura exterior e interior y donde imaginé los horrores que describió Pablo de la Torriente en su libro La isla de los 500 asesinatos, o en ese otro de Thelvia Marín: Condenados del presidio a la vida. Luego del trabajo voluntario llegarnos a la playa El Gallego, o la del MININT, ( donde antes estuvo el espigón del Columpo y atracaban los barcos para descargar a los prisioneros del presidio desde la remota fecha en que pastoreaba por Cuba el Asno con garras) para darnos un baño, bebernos unas cervezas y contemplar el cayo de los monos, un islote de piedra y uvas caletas que emergía a doscientos metros de la orilla, para regresar luego a la Sacra, que era como volver a casa.
Por aquella casa habían pasado visitantes para conocer por boca de los instructores, los avances que en el campo de la cultura había logrado la Isla. Ya para entonces estaba poblada de estudiantes de casi todas las provincias. Era cierto también que pasamos nuestras limitaciones alimentarías, más por falta de gestión y de atención de los funcionarios administrativos, que por la escasez de recursos, pretexto con el que justificaban sus descuidos. De modo que un día nos dieron la noticia que nos visitaría Roberto Matta, (único pintor surrealista vivo, firmante del tratado de Bretón, junto a su esposa y funcionarios del Consejo Nacional de Cultura) para lo cual debíamos engalanar la casa. La visita incluía un almuerzo, que entonces, con el revuelo de la noticia no imaginé que alcanzaría la magnitud de banquete que tuvo, causante del malestar justificado de todos, pues no entendíamos cómo era posible llevar seis meses comiendo arroz y chícharos a capella y ahora apareciera este banquete que incluía: Dos cerdos asados, con manzanas en la boca, ( como cerdos europeos) pavos, pollos, (asados, en fricasé, fritos) langostas, camarones, arroces de todos los colores, viandas, ensaladas verdes y frías, jugos naturales, frutas fuera de temporadas (que parecían acabadas de coger de las ramas), panes y mantequillas en hielo para mantener la dures en un mediodía de 30 grados, dulces que incluían las más variadas gamas de la repostería y un bar con todo tipo de coctelerías, rones, cervezas, cigarros y tabacos de lujos, todo atendido por un Chef del Hotel Colony con el staff de camareros y sirvientes que transformaron el patio de la casa en un set de filmación, como si se fuera a rodar “El último banquete”, mientras mis compañeros, ( después de haber participado en la limpieza y engalanamiento de la casa, recargada de cuadros de los pintores de toda la Isla, que se colgaron en excesos en las paredes azules de la sala) se negaban a participar de aquel banquete, pues consideraban una burla y una ofensa tanta comida, que aparecía ahora, después de tantos meses a chícharos y arroz. Así que tuve que pedirles, (y explicarles que después analizábamos el asunto ) casi de favor, cuarto por cuarto, para que salieran a recibir a la delegación en la que venía además Felix Sautié Vice- Presidente del Consejo Nacional de Cultura , Lisandro Otero, acompañados por Arturo Lince, Roberto Ogando y otros funcionarios del Partido, la Unión de jóvenes Comunistas, Pacolo, Director Municipal de Cultura,(Que muriera trágicamente en Angola unos meses después) y otros funcionarios de menor jerarquías, todos con sus respectivas compañías, irrumpieron, como escoltando a Matta y su esposa chicana, (con un vestido azul ceñido al cuerpo, tan transparente que se podía ver el color rojo de su piel India) mientras él, con un traje gris que me pareció zurcido por los codos y con una sencillez de asombro saludó a todos con un aire ausente , como si aún estuviera dormido por el viaje.
En tanto ya se hacían brindis en el patio con Pinerito (Ron blanco y jugo de toronja) el mojito tradicional, los tragos en strike de Terry Maya Dorada y las espumosas cervezas. Cada cual acomodándose en el patio, alrededor de aquellas mesas bajo las sombras de las matas de mango cuando ya el sol obligaba a los totíes a refugiarse en sus ramas y que uno de ellos dejó caer su desecho fecal sobre el vestido azul y ella con un gesto finísimo se limpió mientras decía: “Me floreció un pajarito”.
Atento estaba yo para que se mantuviera el orden y la disciplina, pero ya los licores hacían sus estragos. A pesar que les había dicho a todos que podían participar y disfrutar, por esa cuestión de las jerarquías se habían hecho atenciones y cortesías, que desconocía. Es así como Santiago,( el plástico que había hecho casi todos los retratos de los mártires y personalidades que le daban nombre a las escuelas en el campo y que llegaba a pintar en una noche, bebiendo ron, mientas la directora del ICAP , llegaba segura en la mañana a recoger el cuadro con otra botella para el Chago) que ya andaba contento, le pide a Lisandro un tabaco de la caja Romeo y Julieta, que estaba en el banco de cemento entre él y Sautié, no le bastó que Lisandro le diera el tabaco, que dejara la conversación para atenderlo, le pidió fuego y Lisandro después de palparse todos los bolsillos encontró las fosforera Ronsson, se la acerca encendida al tabaco, inhala el Chago extasiado, mientras Pacolo, que ha visto el desenfado al parecer irrespetuoso, se le acerca, cuando ya se aparta el Chago expirando el humo y le dice: Lo que has hecho es una falta de respeto, esos tabacos eran una cortesía para Lisandro.
De modo que el Chago regresa donde Lisandro y Sautié., levanta su pie derecho y en la suela del zapato apaga el tabaco y se lo extiende a Lisandro mientras le dice: “Se lo devuelvo porque dice Pacolo que es una falta de respeto. Y se queda con el brazo extendido y el tabaco apagado, hasta que Lisandro le dice a Pacolo que se acerca: “Pacolo deja el muchacho que se fume el tabaco” Y sigue su conversación con Sautié, que se rasca la oreja izquierda con el brazo derecho. Pacolo, con una sonrisa le echa el brazo por encima al Chago, lo aparta y le dice aún fingiendo la sonrisa: “Ahora sí te voy a pedir una sanción”. El Chago siguió bebiendo al igual que todos, con su tabaco en la boca. Después tuve tiempo para escuchar los relatos de Matta. Ese afán por la orfebrería que lo llevó recorrer todo México para comprar unos crucifijos de plata, que ya eran una rareza. Después de mucho andar, llega a casa de una persona, que se había comprado todos los crucifijos del pueblo, le pide que le venda uno, pero el hombre le dice que ya no tiene ninguno, porque le confiesa que los pone en la línea del tren para cuando pase los aplasten, porque con esos bichitos hay que acabar cuando son chiquitos.
Confiesa que con la plata aplastada a martillazos, allá en México, le hicieron la manilla a su reloj que mostraba en su brazo derecho más como obra de arte, que como un objeto de uso horario. Habló del monumento que se le debía hacer al Ché, (casi igual a lo que me dijo muchos años después junto a Feijoo ese grande de la escultura reflectaría, el Otero Venezolano) una llama permanente en La Plaza de la Revolución donde el visitante pudiera calentarse las manos mientras observara su imagen, para que luego pudiera comentar de regreso: Yo estuve en la Habana y me calenté las manos en La Hoguera del Ché. En esas confesiones andaba, cuando se le comienza a explicar con el método escolar primario, el desarrollo de la Isla, desde que Evangelina Cossio se hizo noticia, hasta la actualidad transformadora por la obra de la Revolución y sus planes educacionales, es entonces que me piden que hable sobre el trabajo de los instructores de arte.
Comencé a decirle que atendíamos a todo el movimiento de aficionados, se interesó por las Artes plásticas y cuando le dije que se le garantizaban todos los materiales para la creación, me interrumpe y me pregunta qué si eran cuidadosos con los materiales, le dije que sí, que por regla general eran muy disciplinados. Entonces me interrumpe y me dice: Si no rompen y fabrican sus propios pinceles, si no hacen sus mezclas de colores y montan los lienzos y rompen las cartulinas, jamás serán artistas. De modo que todos nos reímos del desatino de Matta, pero nadie se atrevió a contradecirlo y un poco para aliviar ese mal momento, se le invitó a pasar a la sala, para que contemplara la obra pictórica de los plásticos Pineros, que esperaban ansiosos los criterios del maestro, que solo conocían por libros y reproducciones. Todos hicieron el recorrido dentro de la casa deteniéndose frente a cada cuadro, esperando el criterio, pero Matta, no hizo alusión a ninguno, ni se le observó en el rostro, ni la mirada, nada inquietante que hiciera sospechar contrariedad o asombro. Con su silencio mostró una indiferencia manifiesta. Al final se detuvo frente al marco de una puerta y elogió la precisión del carpintero,
que con un esmero de ebanista había tallado sobre el marco un encaprichado arabesco como un artificio de adorno, que servia de ventilación cuando se cerraba la puerta del baño.
Decepcionados todos salimos al patio donde ya se había roto la rigidez del protocolo y en el torbellino de la comitiva logramos decirle adiós desde el portal, cuando salieron.
Luego nos enteramos que en su estancia le habían planificado una visita a un círculo infantil, con sus paredes pintadas con imágenes del ratón Miky y el Pato Donals. Alarmado preguntó que si los niños habían pintado aquello. La directora sonriente le dijo que no, que eso lo había mandado a pintar la dirección para hacerle más agradable la vida a los niños. Entonces mando a pedir pinturas y pinceles, que aparecieron al momento, pensando que el Pintor dejaría constancia de su paso por el centro, pero rompiendo toda la lógica, le entregó los pinceles y las pinturas a los niños y les dijo: Pinten lo que ustedes quieran. De más está decir, que luego de marcharse hubo que cerrar el centro para que los pintores de brocha gorda ocultaran el embarre de los pinceles infantiles y tuvieran tiempo otros rotulistas para estampar las imágenes de Palmiche y Elpidio Valdés, para curar el mal del divisionismo ideológico, que solapadamente vivía en las pinturas ingenuas de El Pato Donalds y el ratoncito Miky, que con tanto atinohizo borrar el último pintor surrealista.

El muerto vivo

 

Agustin Dimas López Guevara

Después de haber realizado las más disímiles labores para ganarse la vida, encontró a los 60 años el oficio que debió ejercer siempre. Quizá no hubiera llegado con tantos achaques y dolores en los huesos, a este nuevo oficio, que lo ha hecho rejuvenecer y darle una nueva dimensión a su vida, aunque los años son los años,… pero desde el primer día en que entró solo a la sala de preparación, con el sabor a café aún en la boca y con el cigarro colgando del labio, se sintió anestesiado por el olor a formol que invadía el local y se dirigió con pasos resueltos a la camilla donde yacía un cadáver con toda la palidez de la muerte en la piel.. Lo observó detenidamente buscando mentalmente darle color a la mascara pálida de aquel rostro inexpresivo, para acercarlo al mundo de los vivos y humanizarlo con colores. Así con una serenidad, como si hubiera hecho lo que tenía que hacer durante toda su vida, revisó sobre la meseta de azulejos el neceser manchado de polvos y pinturas labiales. Buscó los potes de polvo y los colores de creyón que le parecían más apropiado para la preparación del cadáver que esperaba con toda la calma que da la muerte a que lo maquillaran y vistieran, para ser expuesto en el ataúd y los familiares y amigos pudieran contemplar a través del cristal, con miradas contemplativas, la última imagen que a fuerza de maquillaje alcanzaba una dimensión casi real , al espantar el rictus de la muerte y poder escuchar, entre los sollozos de los dolientes aquellas palabras que le dieron el verdadero sentido a su trabajo: - Parece que está dormido.

Y ese elogio que escuchó por primera vez de boca de un familiar cuando le mostró el cadáver recién maquillado,- que no iba dirigido a él, sino en un dialogo sin respuesta con el difunto,- avivó de tal modo su entusiasmo que trascendió las barreras de un oficio mal mirado, y mal pagado, de modo que puso todo su empeño por darle a los difuntos la apariencia más viva y se esmeraba de tal modo en sus tareas que se agenciaba maquillajes y útiles apropiados, para con una dedicación de tarea escolar se aferrará a los rostros sin vida de los difuntos, solicitando a los familiares fotos recientes de los fallecidos, para con el arte de sus manos darle la expresión más cercana. Así logro relacionarse de tal modo, que se sorprendía conversando con los muertos, como si estuvieran en una barbería o un salón de belleza. A tal punto estaban sus relaciones que los muertos llegaban en ocasiones a responderle y a expresarle que la cara de los vivos le parecían tan pálidas y desencajadas en las largas horas de vigila en las funerarias, que bien se merecían un maquillaje, para estar a tono con los difuntos. Y se reía cuando más de un difunto hablando de estos temas le comentó que el mundo de los muertos es más interesante y reservado que el aparatoso mundo de los vivos.

Fue así como empezó a doblar turnos de trabajo y prácticamente hizo de la funeraria su casa, donde le daban el café gratis y los cigarros no le faltaban por la bondad de los dolientes, así como una remuneración que le dejaba caer en el bolsillo de su bata verde los mismos dolientes, que aportaban prótesis y pestañas postizas para el acabado de su trabajo. Mientras los mal intencionados y jodedores de lo servicios necrológicos le empezaron a llamar a hurtadillas “El muerto vivo”, y él , entre el humo del cigarro se quedaba sentado en el sillón de aluminio, meditando el modo de maquillarse el mismo el día que la muerte se apareciera a buscarlo, para unirse a la caravana interminable de viejos amigos difuntos, a los cuales le enviaba saludos casi a diarios y tenía que recurrir a su gastada libreta de apuntes para recordar el nombre de todos, pues era una amistad fugaz que duraba el tiempo necesario del maquillaje y alguna que otra vueltecita la sala, mientras esperaba un nuevo arribo de la morgue, de medicina legal o un despacho directo del hospital con todos los requisitos certificados de muerte. Así en la sala le echaba su mirada cómplice a través del cristal y podía percibir la sonrisa dibujada en los labios del difunto y le susurraba como un rezo el último recado para el anterior difunto.

La Habana 22 de septiembre del 2005

Los espejos. Agustín Dimas López Guevara

 

Los espejos

Agustin Dimas López Guevara

Cuando yo era niño mi alma era como un espejo, pero alguien me lanzó una piedra y desde entonces ando recogiendo las astillas dispersas de mi espejo” (Anónimo Nicaragüense)

Evolución

Todo era oscuro.

El mundo aún no se había estrenado

en el inclemente murmullo de los ruidos,

pero ya eras tú un espejo.,

en el ojo de agua allá en la roca.

El asombro.

Espantados de los reflejos de sus cuerpos, los dinosaurios y otros saurios

no desaparecieron como dicen los paleontólogos: por la explosión, o el bostezo de la tierra, acomodándose en la danza universal del movimiento. No, ellos y otros fieros e ingenuos animales, después de haber sobrevivido la abundancia torrencial de aquel diluvio, perecieron de sed., más bien diría: asustados de reflejos, se negaron a beberse en el líquido espejo de las aguas y la muerte nos los trajo conservados en las piedras calcinadas de la geografía, en las frías piedras de los glaciales, en las turbas pantanosas de la taigá siberiana. Eso dicen ahora los que saben de muertes y desastres de otros tiempos. Otros huyéndole a las aguas emprendieron la fuga hacia lugares más cálidos y terrenales, inventando tal vez sin proponerse la interminable metamorfosis, de esta larga evolución de las especies- cuando Darwin aún no se había preocupado por el tema- acostumbrándose a vivir con los reflejos de las formas, cercanos ya desde la redondez cóncava de los ojos.

Los mares acogieron a los tímidos e inhibidos cetáceos, crustáceos, y la interminable fauna y flora que la pueblan en el silencioso mundo submarino, donde se reproducen, reducen y crecen desde entonces. Espejo ondulante de los mares en el azogue salado de las aguas.

(1)

Cristal de límpidas marismas, vidrio congelado de los árticos, estanque gelatinoso de medusas, algas y hortalizas marinas. Insondables abismos de sus fosas donde viven los peces ciegos en las interminables noches de sus aguas. Barreras luminosas de corales, caprichos de colores donde habitan las madreperlas ocultas del destello., colonias de hipocampos indomables, con el poder de reproducirse macho a macho, afán por mantener la especie, en una mariconería marina -- envidia de los Gays transexualizados con implantes sensuales , siliconas libidinosas de la esperma y el escándalo

público de Dios por boca de la Iglesia ,maldiciendo, la recua de arría de esos hijos insatisfechos, renegados de su condición casi divina, sobrevivientes creados a imagen y semejanza, para continuar la interminable cadena de la vida., y hace declaraciones la voz de Dios desde cómodos aposentos allá en el Vaticano, pidiéndole a la Culta Europa y al Genio embotellado de Norteamérica, que adopten por decretos sus gobiernos el rechazo de siempre a la sodomía-– y allá en los fondos del tiempo y del agua siga la vida revolcándose hasta siempre.

Olas.

Allá,

burbujeando en el manantial de agua dulce,

fue el sobresalto del ojo,

en olas, dividido.

Luego la serena mansedumbre: la confianza

y estas ansias de beber hasta saciarme.

Así en búsqueda constante

el hombre fue creciendo de la tierra,

hasta llegar a la frágil altura de estos tiempos,

casi con los mismos sobresaltos,

digo sobre nombres de otros sustos,

temores y tumores de la muerte.

(2)

II

Estalactita de piedra goteando,

reloj de agua:

líquida transparencia,

en la fría humedad de la caverna,

donde sacio la sed

y hago dibujos en el pétreo mural

de la pared.

Enigmas que adivinan

hoy especialistas de trazos en las piedras,

que dicen saber cómo viví,

refugiado en las grutas con temores.

Inventores de historias mal contadas,

de toros galopando en Altamira,

en galerías de artes subterráneas

aun por descubrir,

bajo la escoria terrenal que las oculta.

III

Salto a la luz de los asombros,

donde la filosofía encuentra su raíz,

para interpretar los enigmas, los misterios.

Y llega la misma duda a preguntarme:

¿Quién le da nombre a esta agonía ancestral

que nos lastima?

(3)

IV

Me desprendo del azogue,

de mi copia,

salgo a caminar con mis asombros

y a cada pestañazo de los ojos

me encuentro preso en tú mirada .

Sexo con espejo allá en el techo.

Era diciembre, no recuerdo.

Si supieras, de tu cuerpo sí me acuerdo.

Ha pasado el tiempo perezoso,

cargándome de olvidos y recuerdos:

pedazos de astillas del espejo,

aquel que te atrapó pegada al techo,

sobre la cama distendida donde sueño.

Museo.

Majestuoso palacio con espejos,

donde se pavoneo la crema y nata

de burgueses ignorantes, dando lata

atrapados en el brillo; en los reflejos.

Chamarretas, medallas y pellejos

maquillados con bombos y platillos.

Así llegan serviles y amarillos:

imágenes de apostatas vencidos

a ocupar un espacio, detenidos

en las fotos que afean los pasillos.

(4)

Desierto.

Reverberante arena del desierto

camino por colinas, por tus valles

y mis huellas se oculta en la impronta.,

rapidez de arena fina.

Es un festín este andar en el desierto.,

nada desierto: estoy de tournée

con los amigos.

Allá lejos, las dunas, el sol, yema de luz,

ocurriéndose en el sartén del horizonte,

un poco más acá, la jaima ,oasis

reposo del turista

donde se puede reposar la vista

en la danza frenética del vientre.

En la inmensidad del patio, delante de la jaima:

los camellos, dromedarios a la espera,

del cabresto y el beduino que te invita

por un módico precio, en divisa,

a sacarte de la arena, sobre la giba alfombrada

que te eleva, debajo el camello hundiéndose en la arena

y arriba el cielo todo estrellas,

así bajo esa bella

noche, en Dubai

me acuerdo de ella.

(5)

Ramadan en Abu Dabi

Dubai Hotel Marine,

remanso de capricho y del reposo,

donde escapo del bochorno que me asfixia,

del calor, de ese vaho que trae la brisa,

del desierto, del mercado y de la prisa.

Los cantos por Alá en las mezquitas

es un coro indescifrable de sus cuitas,

curiosos se revuelcan los turistas,

con cámaras videos, con divisas

de gastarse los antojos, sin camisas

en las calles, los mercados, autopistas

y tostarse la piel de masoquistas.

Bar.

En la tranquila inquietud que tiene el bar,

amanso y apaciguo con cerveza,

el ocio, la modorra, la tristeza,

la añoranza por la loma y por el mar.

Medito en la espuma que se escapa

capricho de burbujas que se van,

como el ansia del hambre por el pan

y el filosofo dormido se destapa.

(6)

Hijos Nuestros

Hijos nuestros que habitan la tierra,

les hablo claro, antes que las guerras

los maten con balas,

bacterias, metrallas,

o mueran de hambre,

mientras el Clero calla

y soporta con rezos

los viles excesos

del cruel que nos mata

en nombre de dios.

Siempre ha sido así:

Antes fue la espada,

la hoguera malvada

matando, quemando

en nombre de Dios.

De esa culta Europa,

llegaron incultos,

brutos asesinos,

curas, capuchinos,

franciscanos, masones,

legionarios y orates peregrinos,

leyendo la Biblia

con el vaho del vino.

Mientras los soldados del Rey,

mataban, violaban

en nombre de la ley.

(7)

Tanto fue el horror

que a espada, mosquete,

candela y la ayuda

de otros agentes

no tan buenas gentes:

de sífilis, viruela,

y otras secuelas.,

borraron la vida

de estas tierras vírgenes.

Y todo fue hecho en nombre de dios.

Y de aquella hazaña

tan solo fue el odio

el que sobrevivió.

De modo que el cura,

el obispo, arzobispo,

cardenales, todos,

soldados de dios,

por boca del Papa

sentado allá en Roma,

bajo la corona

del poder Divino

bebiéndose el vino,

que el pobre elabora,

siguen predicando refinadamente

la paz en el alma de su dios ausente

y estas son las horas

que nada ha cambiado.

Porque la ignorancia del conocimiento

dejó que clavaran al alma

la filosofía,

del dios que algún día

nos dará alimento,

en la gloria oculta

del ojo y del tiempo.

(8)

Mientras el poder aplasta,

el Papa se gasta

en trajes y viajes

llevando mensajes,

encíclicas hechas

con frases armadas

en formas verbales

muy cristianizadas

criticando males que el Clero aprobó.

Que ironía hacia Dios,

si acaso existiera,

de pena muriera.

Que filosofía,

que cruel ironía

sembrada en el alma

de gente angustiada,

que no sabe nada,

que tiene cerrada la posibilidad

de hallar por sus manos la felicidad,

y encuentra en el ruedo de fieles astutos

espantar el susto

del mal que le aqueja .

Simple es la respuesta:

La conformidad,

la liturgia el rezo

una y otra vez,

diciéndola a coro,

para ser oídas en el más allá.

(9)

Ese vil flagelo

que sale del verbo

amarillo del cura en la misa,

mientras sigue la prisa

del pobre muriendo

y el Clero viviendo

en castillos,

con lujos y brillos

del oro, la plata ,

las piedras preciosas

y otras muchas cosas

que decir no quiero,

todos rozagantes

de salud y calma

lejos del mundillo

donde se agoniza,

en el estiércol,

el fango, el polvo,

ceniza en el alma

del pobre atareado,

porque ni ha proletariado

llegan los más pobres.

Sufrir en la tierra,

eso es lo que ofrecen,

por venderte a un dios,

mercancía invisible

de un mal milenario

que hace millonario

a el Clero intermediario

por venderte un dios

que nos espera en:

(10)

¿ el reino del cielo?

¿en el paraíso?

¿ o dónde lo ubican?

Si el cielo está lleno

de gases, veneno,

cohetes de estreno

y otros artefactos,

que han roto la capa de ozono?

De modo hijos míos

que habitan la tierra

si acaso las guerras,

las muertes los dejan vivir

busquen incesante la luz del saber

para comprender

lo oculto, el misterio encerrado

sin dejarse ver,

y espanten del alma ,

el mal de los miedos sembrados,

la conformidad,

que solo en ti mismo está la verdad.

Los patrones

Los moldes,

los modelos,

las marcas y patrones

comparativos para evaluar

cualidades, capacidades y atrocidades

en esta cadena de comienzos y tropiezos

que es la vida, cada día adquieren connotaciones catastróficas

por el ritmo con que avanza el egoísmo,

con el devastador poder del espejismo,

nos aleja implacable de lo terrenal, lo cercano,

de lo humano.

(11)

Tus ojos

Ese temblor mercurial de tu reflejo

que palpita en el iris de tus ojos,

es un capricho de luz a mis antojos

atrapado por la magia del espejo.

Invierno en Moscú con perestroika.

Era invierno allá en Moscú,

capital del comunismo, espejo mágico

donde nos miramos, con el asombro insular

del tercer mundo.

En la fila interminable frente al Kremlin,

en silencio meditaba en Vladimir,

en la hazaña imborrable de su obra,

sin saber que Gorbachov, se empeñaba en destruir.

Era una trampa de reflejos distantes, donde impaciente

quería irse Mijail, con su Glasnost y tanto fue el brillo que le dio

que la URSS como un espejo se quebró.

(12)

La marcha

Palpito en la marea nocturna de la marcha

Gran Vía iluminada con destellos,

lejos del mar tormentoso del levante,

que llega a romperse hecho espumas

en las rocas, dejando los destrozos de cuerpos ahogados

de emigrantes testigos sin palabras

del anhelo inalcanzable,

que saldrán mañana en fotos en la prensa,

a incrementar las cifras de los muertos,

sin nombres los hombres

los niños, las mujeres, africanos,

berebere de tribus que se mueren.

Noche de fiesta,

Madrid vibrando,

bares abiertos, cervezas, vinos rones

y tapitas.

Melancólicas rubias maquilladas, en tacones

elevándose en las pistas. El ir y venir de los turistas,

con el ansia de beberse en esta prisa

el ambiente latino que se enciende

con el ritmo de la rumba

y la guitarra, y baila una trigueña apasionada,

que el cuerpo se le escapa de la bata.

Sentadas en las barras, puticas de salir

mirando al techo, a la espera en el acecho.

Mientras el güisqui se hace agua con el hielo

y afuera las putas de las calles

te invitan por diez euros

para un polvo,

y el ciego de la once insiste en darte un premio

millonario, si acaso te decides a comprar el talonario.

Taxistas desvelados de la noche,

a la espera del regreso, otra carrera.,

el metro que se cierra, todo es marcha.

(13)

El tunante que ofrece mercancías de oculta procedencia

la podredumbre humana que se esconde tras el humo del porro

y la jeringa. Travestís confundiendo las pasiones

con trapos colorete y siliconas, rostros de rasgos de lejanas geografías,

que pasan como ausentes en la Gran Vía, con los ojos brillando

de ¿alegría? o de ¿agonía,?

pensando o soñando la alegría.

Un poco más abajo el Oso del Magroño,

dará una nueva cita, un punto de reencuentro,

un alto en esta prisa.

Agustin Dimas López Guevara. Habana, diciembre del 2005

(14)

Clonación

La ciencia discreta en sus trajines

al final responde con certeza,

pero una duda asalta a mi tristeza

que escapa de mi pecho a los confines,

clamando a grito: ¡No termines

de clonarme este amor, que es solo mío!

¿Cómo ha de nombrarse el desvarío?

¿El dulce susurro del te quiero?

No dupliques el amor porque muero,

pues solo en nuestro amor confío.

 

 

 

 

El último pintor Surealista. Por Agustín Dimas López Guevara

El último pintor Surealista. Por Agustín Dimas López Guevara

 

El último pintor surrealista

Agustín Dimas López Guevara

Allá en la Sacra, (en la casona estilo bungalow, con arboleda de mangos, cercada por un muro de cemento y rodeada del mar verde de toronjiles) estaba la Sede de los Instructores de Arte, conocida entonces como Brigada X Aniversario. De allí salíamos cada día y cada noche rumbo a las escuelas de Gerona, las secundarias y preuniversitarios en el campo, dispersas en la citrícola geografía, para atender los grupos de aficionados en todas las manifestaciones artísticas, unas veces en el camión gaz que manejaba Moralito o Cirilo, o en la guagua Girón que conducía Nildo.
Llevábamos una vida de albergados con un régimen de veinte y cuatro días de trabajo por seis de descanso, que prácticamente, La Sacra era nuestra casa y los compañeros nuestra familia. Participamos como todos en las grandes tareas de transformación de la Isla de Pinos, para convertirla en Isla de La Juventud.
El famoso cien x uno, que consistía en sembrar cien plantas de cítricos en cada jornada de trabajo voluntario en el terreno árido y pedregoso de aquella geografía desolada, las tareas de choque en la ampliación del Hospital Héroes de Baire, la modernización de la Planta Eléctrica, el nuevo combinado Citrícola, la limpieza de las áreas del antiguo Presidio Modelo, que pertenecía a la Dirección de Cultura y dónde funcionaba ya el Museo, donde conocí toda la arquitectura exterior e interior y donde imaginé los horrores que describió Pablo de la Torriente en su libro La isla de los 500 asesinatos, o en ese otro de Thelvia Marín: Condenados del presidio a la vida. Luego del trabajo voluntario llegarnos a la playa El Gallego, o la del MININT,( donde antes estuvo el espigón del Columpo y atracaban los barcos para descargar a los prisioneros del presidio desde la remota fecha en que pastoreaba por Cuba el Asno con garras) para darnos un baño y bebernos unas cervezas y regresar a la Sacra, que era como volver a casa.
Por aquella casa habían pasado visitantes para conocer por boca de los instructores, los avances que en el campo de la cultura había logrado la Isla. Ya para entonces estaba poblada de estudiantes de casi todas las provincias. Era cierto también que pasamos nuestras limitaciones alimentarías, más por falta de gestión y de atención de los funcionarios administrativos, que por la escasez de recursos, pretexto con el que justificaban sus descuidos. De modo que un día nos dieron la noticia que nos visitaría Roberto Matta, (único pintor surrealista vivo, firmante del tratado de Bretón, junto a su esposa y funcionarios del Consejo Nacional de Cultura) para lo cual debíamos engalanar la casa. La visita incluía un almuerzo, que entonces, con el revuelo de la noticia no imaginé que alcanzaría la magnitud de banquete que tuvo, causante del malestar justificado de todos, pues no entendíamos cómo era posible llevar seis meses comiendo arroz y chícharos a capella y ahora apareciera este banquete que incluía: Dos cerdos asados, con manzanas en la boca, ( como cerdos europeos) pavos, pollos, (asados, en fricasé, fritos) langostas, camarones, arroces de todos los colores, viandas, ensaladas verdes y frías, jugos naturales, frutas fuera de temporadas (que parecían acabadas de coger de las ramas), panes y mantequillas en hielo para mantener la dures en un mediodía de 30 grados, dulces que incluían las más variadas gamas de la repostería y un bar con todo tipo de coctelerías, rones, cervezas, cigarros y tabacos de lujos, todo atendido por un Chef del Hotel Colony con el staff de camareros y sirvientes que transformaron el patio de la casa en un set de filmación, como si se fuera a rodar “El último banquete”, mientras mis compañeros, ( después de haber participado en la limpieza y engalanamiento de la casa, recargada de cuadros de los pintores de toda la Isla, que se colgaron en excesos en las paredes azules de la sala) se negaban a participar de aquel banquete, pues consideraban una burla y una ofensa tanta comida, que aparecía ahora, después de tantos meses a chícharos y arroz. Así que tuve que pedirles, (y explicarles que después analizábamos el asunto ) casi de favor, cuarto por cuarto, para que salieran a recibir a la delegación en la que venía además Felix Sautié Vice- Presidente del Consejo Nacional de Cultura , Lisandro Otero, acompañados por Arturo Lince, Roberto Ogando y otros funcionarios del Partido, la Unión de jóvenes Comunistas, Pacolo, Director Municipal de Cultura,(Que muriera trágicamente en Angola unos meses después) y otros funcionarios de menor jerarquías, todos con sus respectivas compañías, irrumpieron, como escoltando a Matta y su esposa chicana, (con un vestido azul ceñido al cuerpo, tan transparente que se podía ver el color rojo de su piel India) mientras él, con un traje gris que me pareció zurcido por los codos y con una sencillez de asombro saludó a todos con un aire ausente , como si aún estuviera dormido por el viaje.
En tanto ya se hacían brindis en el patio con Pinerito (Ron blanco y jugo de toronja) el mojito tradicional, los tragos en strike de Terry Maya Dorada y las espumosas cervezas. Cada cual acomodándose en el patio, alrededor de aquellas mesas bajo las sombras de las matas de mango cuando ya el sol obligaba a los totíes a refugiarse en sus ramas y que uno de ellos dejó caer su desecho fecal sobre el vestido azul y ella con un gesto finísimo se limpió mientras decía: “Me floreció un pajarito”.
Atento estaba yo para que se mantuviera el orden y la disciplina, pero ya los licores hacían sus estragos. A pesar que les había dicho a todos que podían participar y disfrutar, por esa cuestión de las jerarquías se habían hecho atenciones y cortesías, que desconocía. Es así como Santiago,( el plástico que había hecho casi todos los retratos de los mártires y personalidades que le daban nombre a las escuelas en el campo y que llegaba a pintar en una noche, bebiendo ron, mientas la directora del ICAP , llegaba segura en la mañana a recoger el cuadro con otra botella para el Chago) que ya andaba contento, le pide a Lisandro un tabaco de la caja Romeo y Julieta, que estaba en el banco de cemento entre él y Sautié, no le bastó que Lisandro le diera el tabaco, que dejara la conversación para atenderlo, le pidió fuego y Lisandro después de palparse todos los bolsillos encontró las fosforera Ronson, se la acerca encendida al tabaco, inhala el Chago extasiado, mientras Pacolo, que ha visto el desenfado al parecer irrespetuoso, se le acerca, cuando ya se aparta expirando el humo y le dice: Lo que has hecho es una falta de respeto, esos tabacos eran una cortesía para Lisandro.
De modo que el Chago regresa donde Lisandro y Sautié, levanta su pie derecho y en la suela del zapato apaga el tabaco y mientras se lo extiende a Lisandro le dice: “Se lo devuelvo porque dice Pacolo que es una falta de respeto. Y se queda con el brazo extendido y el tabaco apagado, hasta que Lisandro le dice a Pacolo que se acerca: “Pacolo deja el muchacho que se fume el tabaco”Y sigue su conversación con Sautié, que se rasca la oreja izquierda con el brazo derecho. Pacolo, con una sonrisa le echa el brazo por encima al Chago, lo aparta y le dice aún fingiendo la sonrisa:”Ahora sí te voy a pedir una sanción”. El Chago siguió bebiendo al igual que todos, con su tabaco en la boca. Después tuve tiempo para escuchar los relatos de Matta. Ese afán por la orfebrería que lo llevó recorrer todo México para comprar unos crucifijos de plata, que ya eran una rareza. Después de mucho andar, llega a casa de una persona, que se había comprado todos los crucifijos del pueblo, le pide que le venda uno, pero el hombre le dice que ya no tiene ninguno, porque le confiesa que los pone en la línea del tren para cuando pase los aplasten, porque con esos bichitos hay que acabar cuando son chiquitos.
Confiesa que con la plata aplastada a martillazos, allá en México, le hicieron la manilla a su reloj que mostraba en su brazo derecho más como obra de arte que como objeto de uso horario. Habló del monumento que se le debía hacer al Ché, (casi igual a lo que me dijo muchos años después junto a Feijoo ese grande de la escultura reflectaría, el Otero Venezolano) una llama permanente en La Plaza de la Revolución donde el visitante pudiera calentarse las manos mientras observara su imagen, para que luego pudiera comentar de regreso: Yo estuve en la Habana y me calenté las manos en La Hoguera del Ché. En esas confesiones andaba, cuando se le comienza a explicar con el método escolar primario, el desarrollo de la Isla, desde que Evangelina Cossio se hizo noticia, hasta la actualidad transformadora por la obra de la Revolución y sus planes educacionales, es entonces que me piden que hable sobre el trabajo de los instructores de arte.
Comencé a decirle que atendíamos a todo el movimiento de aficionados, se interesó por las Artes plásticas y cuando le dije que se le garantizaban todos los materiales para la creación, me interrumpe y me pregunta qué si eran cuidadosos con los materiales, le dije que si, que por regla general eran muy disciplinados. Entonces me interrumpe y me dice: Si no rompen y fabrican sus propios pinceles, si no hacen sus mezclas de colores y montan los lienzos y rompen las cartulinas, jamás serán artistas. De modo que todos nos reímos del desatino de Matta, pero nadie se atrevió a contradecirlo y un poco para aliviar ese mal momento, se le invitó a pasar a la sala, para que contemplara la obra pictórica de los plásticos Pineros, que esperaban ansiosos los criterios del maestro, que solo conocían por libros y reproducciones. Todos hicieron el recorrido dentro de la casa deteniéndose frente a cada cuadro, esperando el criterio, pero Matta, no hizo alusión a ninguno, ni se le observó en el rostro, ni la mirada, nada inquietante que hiciera sospechar contrariedad o asombro. Con su silencio mostró una indiferencia manifiesta. Al final se detuvo frente al marco de una puerta y elogió la precisión del carpintero,
que con un esmero de ebanista había tallado sobre el marco un encaprichado arabesco como un artificio de adorno, que servia de ventilación cuando se cerraba la puerta del baño.
Decepcionados todos salimos al patio donde ya se había roto la rigidez del protocolo y en el torbellino de la comitiva logramos decirle adiós desde el portal, cuando salieron.
Luego nos enteramos que en su estancia le habían planificado una visita a un círculo infantil, con sus paredes pintadas con imágenes de ratoncitos Miky y patos Donals. Alarmado preguntó que si los niños habían pintado aquello. La directora sonriente le dijo que no, que eso lo había mandado a pintar la dirección para hacerle más agradable la vida a los niños. Entonces mando a pedir pinturas y pinceles, que aparecieron al momento, pensando que el Pintor dejaría constancia de su paso por el centro, pero rompiendo toda la lógica, le entregó los pinceles y las pinturas a los niños y les dijo: Pinten lo que a ustedes les guste.
De más esta decir, que luego de marcharse hubo que cerrar el centro para que los pintores de brocha gorda ocultaran el embarre de los pinceles infantiles y tuvieran tiempo otros rotulistas para estampar las imágenes de Palmiche y Elpidio Valdés, para curar el mal del diversionismo ideológico, que solapadamente vivía en las pinturas ingenuas de El Pato Donalds y el ratoncito Miky, que con tanto atino hizo borrar el último pintor surrealista.